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Bienvenidos a Plano Medio. Un blog de críticas del cine de siempre donde podras descubrir curiosidades de tus películas favoritas.

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Cuando el asesinato se convierte en expresión artística


el-coleccionista-de-huesosMuchas fueron las películas que, a partir del éxito de “Seven“, intentaron relanzar un género más de moda que ninguno en los años noventa. Me refiero a aquel que había sido reinventado años atrás por “El silencio de los corderos” y que los espectadores de todo el planeta parecían reclamar en títulos que no estuvieron nunca a la altura de estas dos grandes referencias. Obras como “El coleccionista de amantes“, “Copycat” o “Resurrección” hicieron el intento, pero ninguna de ellas conseguiría siquiera aproximarse al clima de angustia, tensión y magistral realización de las obras de Jonathan Demme y David Fincher.

En 1999, sin embargo, Phillip Noyce nos presentaba un oscuro thriller protagonizado por una joven Angelina Jolie y por un siempre carismático Denzel Washington que fue, a mi justo parecer, la única que supo aproximarse a lo que los espectadores tanto demandaban por aquel antonces. “El coleccionista de huesos” supuso, para los que amábamos este “nuevo” género, un reencuentro con Buffalo Bill o John Doe, un reencuentro con ese asesino en serie de extrema inteligencia y fetichismo extremo que conseguía transmitirnos miedo y admiración a partes iguales. La contínuas pruebas a las que iba sometiendo a sus fustrados perseguidores, unida a la magistralidad de la puesta de escena de todos y cada uno de los asesinatos, consiguieron que este título no fuera uno de tantos condenados a caer en el olvido. Quizá falló el final, demasiado inverosímil como para estar a la altura de ninguna de las dos “grandes” anteriormente citadas. Aún así, prefiero quedarme con todo el conjunto.

Y es que no hay una sola vez que suba a un taxi que no recuerde en algún momento la secuencia inicial de este título. Gracias a Dios que hasta la fecha a ningún taxista se le ha ocurrido colgar un mono en miniatura del retrovisor de su coche… al menos ninguno de aquellos con los que yo haya montado… Gracias a Dios.

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    La angustia de un título sobrecogedor


    saw1Mucho se podría hablar de un título como éste, tanto como malas secuelas ha tenido que sufrir. Cuando pienso en “Saw” lo hago con cierta pena. Pienso en este título como en aquel que pudo convertirse en todo un clásico dentro del género pero que año tras año, secuela tras secuela, se fue marchitando hasta quedar convertido en lo que hoy día es. Pero, ¿qué me hace hablar hoy de esta cinta? La respuesta es sencilla. “Plano Medio” es un blog que habla de “buen cine” (o al menos lo que yo entiendo por tal) y si me limito únicamente al título que a todos nos sorprendió allá por el año 2004, creo que tiene ganado ya su más que merecido espacio.

    Con un modesto presupuesto, con prácticamente una sola localización y dos personajes principales sobre los que giraba toda la trama, James Wan nos hacía una macabra propuesta: la de participar como espectadores en un complejo juego que bebía, como no podía ser de otro modo, de diversas fuentes cinematográficas. Un título que hacía guiños a otros tan irrepetibles como “Cube” o “Seven” pero que no quedaba para nada ridiculizado ante tan altos referentes. La angustia que nos transmitían cada una de las macabras propuestas de Jigsaw (el mismo que no tardaría en convertirse en todo un icono para el cine de terror), era realmente sobrecogedora. Un compleja trama que nos levantaba constentemente del asiento y que resultaba tan milimétricamente pensada que apenas contaba con fisuras.

    Un título, en fin, que renovó un genero que ya parecía marchitado y que sirvió de antesala para una segunda parte que fue la única de sus secuelas que supo, en cierto modo, mantener  ligeramente el nivel de la primera. Y digo ligeramente porque igualarla hubiese sido sencillamente imposible.

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      Una absoluta OBRA MAESTRA


      “¿Cuál es tu película favorita?” Una simple pregunta; una complicadísima respuesta. Más de una vez me he visto en el apuro de tener que elegir una cinta entre la multitud de títulos que, por un motivo u otro, en una etapa u otra, me dejaron huella. ¡Qué difícil resulta cuando los títulos son tantos y los géneros tan diferentes! Pocas veces he tenido la respuesta clara, pero de lo que estoy absolutamente seguro es de que si esta película no lo es, al menos se acerca mucho. Cuenta además con algo muy positivo a su favor: que el paso del tiempo no ha restado ni un ápice de su valor. Más bien le ha ayudado a crecer aún más. En muchas ocasiones vemos una película y con el fervor del visionado reciente creemos qué es de lo mejor que hemos visto nunca y sólo pasado el tiempo nos damos cuenta del error de apreciación. Esto no le sucede a “Seven“. El tiempo la ha engrandecido aún más si cabe. He perdido la cuenta de la cantidad de veces que he podido ver esta película y ni una sola vez bajó mi apreciación hacia ella.

      En su momento se prometía la típica producción americana donde una cara guapa y de moda se iba a lucir en todos y cada uno de sus planos, que resultaría entretenida, haría dinero en taquilla y poco más. David Fincher (su director) era poco conocido y su última película (”Alien 3“) tampoco pronosticaba nada excelente. Pocos sabíamos por aquel entonces que Fincher se jugaba con este título su continuidad en el mundo del cine, pues por aquel entonces se mascaba su vuelta al mundo de los video-clips dado sus pobres resultados en la pantalla grande (algo que nos habría privado de otros buenos títulos como “The game“, “El club de la lucha” o “Zodiac“). Nadie conocía a Andrew Kevin Walker, el guionista que trabajaba en una tienda de discos y que escribió este guión en sus ratos de descanso. Tan sólo la nueva estrella del firmamento americano, Brad Pitt y el veterano Morgan Freeman daban peso a la cinta, pues Gwyneth PaltrowKevin Spacey no eran por aquel entonces los nombres tan conocidos que en un futuro serían.

      El resultado final sorpendió a todos. Una película que tomaba cinco años después el testigo de “El silencio de los corderos” pero que añadía ingredientes nuevos al género. Sus claros guiños al cine negro, el cumplimiento de la premisa “Sugerir más que mostrar” llevada a la maestría, la soberbia planificación, la recreación de ambientes claustrofóbicos y cerrados gracias a los excelentes encuandres e inmejorable iluminación que posteriormente serían imitados (o más bien se intentarían imitar) hasta la saciedad, su espectacular montaje (que le valdría una nominación al Oscar ), el increíble guión y su inesperado giro final… Fueron tantos los factores que sirvieron para hacer de “Seven” la obra maestra que hoy en día es que sólo me puedo quitar el sombrero y soñar con que algún día algo así pueda ser repetido.

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