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Bienvenidos a Plano Medio. Un blog de críticas del cine de siempre donde podras descubrir curiosidades de tus películas favoritas.

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El musical más intemporal


cantando-bajo-la-lluviaSu guión resultaba tremendamente sencillo, pero no por ello carecía de la suficiente fuerza como para que casi 60 años después de su estreno siga presente en nuestro recuerdo más colectivo. Hablamos de lo que en nuestros días podría llamarse una comedia romántica bastante ligera con unos números musicales que por sí mismos compusieron uno de los conjuntos más brillantes en la historia del séptimo arte. Es posible que para el recuerdo sólo hayan quedado aquellos chapoteos que Gene Kelly realizara con una amplia sonrisa tras despedir en su portal a la mujer de la que comprendía se había enamorado, pero cierto es que “Cantando bajo la lluvia” se compuso de otros grandísimos números musicales tan brillantes como éste por no decir que mucho más.

Que la baza de la película era Kelly es algo absolutamente indiscutible, pero de justicia también resultaba destacar el brillante trabajo cómico que desarrolló en la misma un Donald O’Connor que demostraba además que en esto del baile estaba incluso por encima del protagonista.

Unas coreografías que rozaban las acrobacias, un argumento emotivo y divertido absolutamente intemporal y unos personajes inolvidables compusieron una de los mejores musicales del Hollywood más clásico, peremne para siempre en el recuerdo más cinéfilo. Tan imborrable como la secuencia que cuelgo hoy en este post. No podía ser otra…

Místico

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    Tragedia “shakespeariana” a ritmos urbanos


    west-side-story3Figura desde hace unos cuantos años en la lista de películas con más premios Oscar de la historia del cine, concretamente diez, sólo por detrás de “Ben Hur“, “Titanic” y “El retorno del Rey“. “West Side Story“, el musical que suponía la adaptación urbana de la obra de Willliam ShakespeareRomeo y Julieta” y que era narrada en esta ocasión entre bandas callejeras del Nueva York de los años 60, tuvo sin duda muchas puntos a su favor, pero creo firmemente que esta lluvia de premios fue tremendamente exagerada.

    Cierto es que muchos de sus números musicales (de puesta en escena intachable) engrandecieron una película que nació para recoger el testigo del exitoso musical de Broadway que llevara el mismo nombre, logrando pasar muchos de ellos no sólo a la historia del cine sino también al subconsciente colectivo de millones de personas. Todo esto es cierto, pero también lo es que si obviamos sus números musicales (y hablando de “West Side Story” esta empresa se antoja cuanto menos complicada) lo que nos queda de ella apenas merece un mayor reconocimiento.

    La credibilidad de su historia apenas se sostiene por sí misma. Analicemwest-side-story1os para ello un solo ejemplo: “West Side Story” se desarrolla en un solo día, es decir, 24 horas a lo largo de las cuales Natalie Wood y Richard Beymer se conocen y se enamoran. Hasta aquí todo podría ser “normal”, pero ¿cómo es posible que la pasión entre ambos alcance cotas tan altas en tan corto espacio de tiempo como para hacer olvidar a la protagonista que horas antes de escapar con su amado, éste acaba de asesinar a su propio hermano?… Creo sinceramente que otras propuestas de la época como “Esplendor en la hierba” o “Rebelde sin causa” conseguían emocionarnos más de un modo bastante más creíble.

    Sigo manteniendo que esta película contó con muchos puntos a su favor. Su west-side-story2trabajo actoral apenas mostraba fisuras, así como ciertos momentos de la cinta brillaron con luz propia. Valga de ejemplo la escena en la que ambos protagonistas se conocían. Creo que pocos “flechazos” han sido tan bien llevados al cine como cuando Natalie Wood y Richard Beymer se veían por primera vez en aquella mítica secuencia del baile.

    En definitiva, una buena pero desigual cinta (que en su momento rechazó protagonizar Elvis Presley) con unos inmortales números musicales susceptible de ser ligeramente sobrevalorada… al menos desde mi “más modesta opinión”, claro.

    Místico

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      La bella puesta en escena del más noble sentimiento


      moulin-rougeÉste fue uno de esos títulos cuya belleza artística estaba muy por encima de lo que aspiraba a contarnos su guión. Su ambientación, su excelente fotografía y especialmente, todas y cada una de sus canciones, hicieron de “Moulin Rouge!” una bellísima obra que ocho años después de su estreno aún consigue enamorarnos.

      Un musical que se valía de éxitos de Elton John, Queen, Madonna o Roxanne para contarnos una historia de amor trágico e imposible entre Nicole Kidman e Ewan McGregor que a muchos aún hoy nos hace sentir. Quizá sea porque ese bello sentimiento quedaba perfectamente plasmado en un universo de colores, no despojados de cierta irrealidad, que resultaba perfecto para transmitirnos la pureza de lo que aquí se nos narraba.

      Y cómo hoy es un día especial, quiero compartir desde aquí dos de los números musicales que más hondo me llegaron. Espero que consigan con vosotros lo mismo que en su momento consiguieron conmigo: hecerme sentir y creer en la pureza de aquel sentimiento que algunos llamaron “amor”.

      Místico

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        La cenicienta más musical


        greeseApenas era un niño cuando vi esta película por primera vez y no miento al afirmar que quedé completamente fascinado por el encanto de aquellas canciones, de aquellos bailes y aquel vestuario que recreaban el musical de Jim Jacobs y Warren Caseyra de 1972. Y es que “Grease” (”Brillantina” en el momento de su estreno) resultaba una propuesta entretenida, vistosa y tremendamente mediática que revolucionaría en gran medida el panorama musical de aquellos últimos años de la década de los 70.

        La propuesta era sencilla: la historia de una cenicienta sesentera en años de instituto plagada de actores treintañeros que simulaban salir de tiempos de pubertad. Una historia sin más pretensiones que la de llegar a una generación de potenciales espectadores pero que serviría a algunos de sus actores para ser recordados incluso en décadas posteriores. Olivia Newton-John (30 años) quedaría para siempre unida a este título, al igual que su amiga Stockard Channing (34), mientras que un John Travolta bastante más joven que ellas se consolidaba como chico de moda del momento justo un año después de su inolvidable “Fiebre del sábado noche“.

        Curioso resulta que una de sus canciones más recordadas (”You’re the one that i want“) a punto estuvo de quedar fuera del montaje final, dado el rechazo que por la misma sentía el director de la película, como también resulta curioso conocer que fue el mismísimo John Travolta el que tuvo que convencer a Olivia Newton-John para que aceptara finalmente ser su partenaire en el rodaje  de esta película. Las malas experiencias que en el cine había tenido la actriz inglesa le habían hecho rechazarlo en una primera instancia. Lo de las malas experiencias no me sorprende. Y es que, ya sabemos cómo se trabaja en esto del cine

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          Caminando sobre baldosas amarillas


          el-mago-de-ozEl mago de Oz” es otra de esas películas que terminaron saltando de los terrenos más púramente cinematográficos a aquellos más propios de la cultura popular del siglo XX. Una película plagada de incidentes y leyendas que inmortalizaría para siempre el mito de Judy Garland (17 años en este film) y que terminaría convirtiéndose en todo un icono para los colectivos gays de gran parte del planeta.

          Un producción de 1939 dirigida por Victor Fleming (aquel año también responsable de “Lo que el viento se llevó“) que empleaba la innovadora técnica del Technicolor para inundar de bellos tonos un título que no se habría entendido igual en blanco y negro.

          El simbolismo que presentaban algunos de los personajes es aún hoy motivo de debate entre los más incondicionales a la cinta, así como para el resto se alzaba cuanto menos como otro de esos metrajes que conseguían, por encima de polémicas, hacernos sentir bien. Todo un cuento musical plagado de brujas y magos, más teatral que cinematográfico, que nos dejó un “Over the Rainbow” para el recuerdo y un buen número de elementos y personajes que son ya sin duda parte de la historia del cine: baldosas amarillas, zapatos rojos, hombres de hojalata, leones cobardes, espantapájaros sin cerebro… ¿Son necesarias las presentaciones?

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            La vuelta de un viejo género


            chicagoEl musical es sin duda uno de los géneros más “especiales” de todos cuantos componen el arte del cine. No son excesivamente habituales en nuestros días, por lo que el efecto de visionar alguno de ellos se hace algo extraño para aquel que no está excesivamente acostumbrado al cine clásico. El “interrumpir” una historia para cantar una canción o marcarse unos números de baile puede resultar incluso incómodo para el profano en este género. Sin embargo, en determinadas ocasiones, surgen largometrajes como éste cuyos numeros musicales no sólo están plenamente justificados, sino que además hacen avanzar la historia, la continúan…

            Chicago“, la película de Rob Marshall ganadora del Oscar en 2002, es un buen ejemplo de esto último. Un musical “necesario” cuya entretenida trama continúa en cada uno de sus números musicales. Un buen ritmo para una buena película que supuso el espaldarazo definitivo para Renée Zellweger y Catherine Zeta-Jones (a esta última de hecho le valió el Oscar) y el relanzamiento de un Richard Gere que llevaba ciertamente anquilosado desde su inolvidable “Pretty Woman“.

            La cinta, que se hizo con seis de los 13 Oscar a los que aspiraba (entre ellos el de mejor película) ironizaba sobre la frivolidad de la fama y de los medios de comunicación, de una fama a la que resultaba muy sencillo llegar (tan sencillo como matando a un hombre) y de unos medios sensacionalistas que olvidaban a sus estrellas con la misma rapidez que las encumbraban, conviertiéndolas de este modo en verdaderas víctimas de su propia soberbia y ambición. Un musical con ciertos toques de humor negro totalmente recomendable incluso para aquellos no demasiado acostumbrados a este género.

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              Despertando sentimientos muy positivos


              sonrisas-y-lagrimasMe gusta “Sonrisas y lágrimas“. Sé de sobra que a uno lo pueden tachar de sensible, de aficionado a los “pastelones” o a saber de qué cosas más, pero es que a mí me gusta “Sonrisas y lágrimas“. Y la razón por la que me gusta es muy sencilla: me hace sentir bien. Éste es uno de esos títulos que cuando uno los ve no sólo disfruta durante su proyección, sino que incluso horas después su recuerdo me sigue despertando sentimientos positivos. Y eso es muy importante. Si el cine consigue eso, si una obra logra eso, merece todo el reconocimiento.

              Sus pegadizas canciones resultan difíciles de olvidar. ¿Quién no recuerda aquella escala musical que Julie Andrews, guitarra en mano, utilizaba con aquellos niños vestidos con cortinas para enseñarles el modo de construir canciones? ¿Quién no recuerda a todos aquellos niños jugando con almohadas y sonrisas-y-lagrimas1enumerando las cosas que les hacían sentir bien mientras se entonaba una inolvidable “My favorite things“?

              Basada en un musical de Broadway que al mismo tiempo se basó en la historia real de la Famila Trapp (sí, la Familia Trapp existió), esta película no sólo ganó el Oscar en 1965 a la mejor película y al mejor director (Robert Wise),  sino que también se erigió en su momento como la película más taquillera de la historia del cine. Y cuando eso sucede, por algo será…

              Y aunque es la primera vez que lo hago en este blog, dejo aquí uno de los momentos musicales que más me gustaron de la cinta. Ésta es una de esas secuencias que me hacen sentir bien. Me siento en la obligación de tener que compartirla…

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                ¡Mamá, quiero ser Gene Kelly!


                Creo que la primera vez que vi a este actor, apenas contaba con cuatro o cinco años. Aquella imagen tan imborrable para  la historia del cine de un sonriente Gene Kelly chapoteando con aquel paraguas (que le inmortalizaría de por vida) en la mítica “Cantando bajo lla lluvia“, quedó grabada en mi retina a fuego como pocas imágenes lo han hecho en toda mi vida. Acababa de nacer mi mitomanía en aquel momento, sólo que por aquel entonces aún no lo sabía.

                Aún deberían pasar algunos años hasta  ver entera (y sobre todo entender) alguna de sus películas, pero la mitad del trabajo ya estaba hecho. Creo que hay personajes e instantes que resumen bastante bien la historia de la más joven de las artes y Gene Kelly, su paraguas, sus chapoteos y, como no, su mítica canción son un claro ejemplo de ello. ¡Dios mío! ¡Cómo bailaba! ¡Mamá, de mayor quiero ser Gene Kelly!  Pero no vamos a engañarnos, Kelly sólo ha habido uno. Pocos actores han brillado de esa manera delante de una cámara. No le hacía ni siquiera falta ser buen actor (que sin duda lo era), su sola presencia ya llenaba una pantalla… y eso no se aprende en una escuela de interpretación. Eso es un don y Gene nació con él.

                Desde aquí quiero rendir un pequeño homenaje a esta gran ESTRELLA que, desgraciadamente, nos dijo adiós hace poco más de 12 años.

                Y justo ahora comienza a llover. Miro de reojo el oscuro paraguas que está apoyado en la pared y una vieja melodía me viene a la cabeza. Voy a salir a la calle… ¡Va por ti, Gene!

                Místico

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