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Bienvenidos a Plano Medio. Un blog de críticas del cine de siempre donde podras descubrir curiosidades de tus películas favoritas.

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Un ejercicio de sobriedad argumental


sin-perdonAsistir a la proyección de “Sin perdón” es presenciar una sobria exposición de sentimientos escondidos, puros y sinceros como pocas veces se han visto en el género de western. Asistir a estas dos horas de metraje supone reencontrarse con un hombre al que pocos conocen, más que quizá él mismo y la mujer a la que amaba. Es comprender que la vida obliga a mantener actitudes que poco se corresponden con lo que los sentimientos marcan. Es ser testigo de que la vida pasa, de que el tiempo cambia las cosas sin que nosotros podamos hacer nada para evitarlo. Es comprender la dureza de un mundo donde no se puede ser débil, porque como años después marcarían los Coen éste “no es país para viejos“…

Hablamos de una película poética, alejada de cualquier estereotipo del género. Aquí los protagonistan fallan cuando disparan, les cuesta subir a un caballo y, lo más importante, sienten remordimientos al matar a un hombre.

Sin perdón” es un ejercicio de sobriedad argumental, de sobriedad en la imagen e incluso en su sonido (a la muestra su bella banda sonora). Es la enésima demostración del talento de Clint Eastwood tanto delante como detrás de las cámaras y una justa merecedora del Oscar a la mejor película. Es el encuentro de tres pesos pesados (Eastwood, Freeman y Hackman) en un intento por resucitar un viejo género al que consiguió desmitificar y engrandecer a partes iguales.

Místico

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    Un Oscar justo


    million-dollar-babyCreo que me aficioné a la ceremonia de los Oscar casi al mismo tiempo que aprendí a multiplicar y dividir. No me equivoco si afirmo que no me he perdido ni una sola ceremonia en los últimos 18 años, que ya sea por televisión pública (qué tiempos aquellos), de pago o incluso por radio, la noche más glamourosa del cine es ya para mí, año tras año, una cita absolutamente obligada. Sin embargo, pese a toda esa fidelidad, creo que se cuentan con los dedos de una mano las ocasiones en las que  realmente salí satisfecho del reparto de los premios. Que títulos tan míticos como “Seven” o “El sexto sentido” no se llevaran ni un solo galardón, que “Brokeback Mountain” perdiera a última hora el Oscar a la mejor película en detrimento de la simplemente correcta “Crash” o que títulos como “Infiltrados” ganaran unos premios que no merecían sólo por compensar a su “siempre olvidado” director, son ya cosas que pesan demasiado a la hora de valorar positivamente estos premios.  Sin embargo, y pese a todo ello, hubo algunos años en los que se hizo verdadera justicia con los títulos que se presentaron a la ceremonia. El año 2005 fue uno de ellos, el año en que “Million Dollar Baby” se alzó como triunfadora absoluta de aquella noche.

    Dirigida e interpretada por un magistral Clint Eastwood, protagonizada por una oscarizada Hilary Swank (por este papel también premiada) y por un Morgan Freeman que demostraba de nuevo lo grande que podía ser cuando elegía bien los papeles, la historia que aquí nos contó Eastwood nos dejó a más de uno aplaudiendo tras los créditos.

    Su carga amotiva no se limitaba a su desarrollo final. Muchos criticaron aquel giro argumental que hacía de ésta dos peliculas en una, pero pocos parecieron comprender que el dramatismo de este título comenzaba a los pocos minutos de iniciarse el metraje. Aún recuerdo muchas de las frases imborrables que el personaje de Freeman pronunciaría en esta cinta, así como fui capaz de entender y casi sentir el sufrimiento y amor paternal que Eastwood prodigaba hacia una Swank que era ya algo más que su pupila.

    Un título emotivo, impactante y magistral que mereció todos los galardones en la noche más glamourosa, una de las pocas veces en las que el tío Oscar hizo justicia.

    Místico

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      Sentimentalmente imborrable


      moll-flanders1Pocas veces un título como éste supo calarme de la misma manera. En 1996, compartiendo cartelera con la ya clásica “Seven“, se presentaba una película de época protagonizada por Robin Wright y Morgan Freeman que parecía perfecta para los amantes de un cine digamos algo “pastelón”. Para los que no éramos amantes de este género, la propuesta en sí poseía sin embargo otros atractivos, entre los que cabría citar a su pareja protagonista (una Wright que se prodigaba y se sigue prodigando poco y un Freeman más de moda que nunca), así como una ambientación y unos escenarios cuanto menos llamativos.

      “Pastelona” hay que reconocer que la película lo era… y un rato, no apta digamos para “todos los públicos”, pero el guión era de los que enganchaban. Sus personajes estaban tan bien perfilados y la historia tan bien construida que no sólo hicieron que disfrutase enormemente de la misma, sino que, a día de hoy, “Moll Flanders” ya ocupa un lugar de honor en mi amplia videoteca.

      Un título absolutamente recomendable para aquellos a los que, en ocasiones, nos gusta emocionarnos con historias como ésta.

      Místico

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        “Algunos pájaros no pueden ser enjaulados”


        Basada en una novela de Stephen King, “Cadena Perpetua” se ha convertido para mí en una de las mejores (si no la mejor) adaptación para la pantalla grande de uno de los relatos del escritor americano. Y eso que hablamos de uno de los autores más prolíficos que ha tenido la industria del cine. películas como “Los chicos del maiz“, “Carrie“, “El resplandor“, “Misery“, “La milla verde“, “El Cazador de sueños“, “1408” o “La niebla” son sólo algunos de los títulos de King que fueron llevados en su momento a la gran pantalla. Hablamos de más de 40 producciones, de las cuales apenas media docena merecen hoy el reconocimiento.

        Lo que más asombra de “Cadena Perpetua” es la poca correspondencia que mantiene con el resto de la obra de King. Conocido por sus relatos fantásticos o de terror, ésta es una de las pocas historias (junto con quizá “Cuenta conmigo“) en la que nada de lo que sucede en ella rompe las leyes lógicas de la madre naturaleza. Es posible que por esta razón la historia posea la fuerza que posee, sin olvidar, claro está, las excelentes interpretaciones de un Tim Robbins y un Morgan Freeman cuya química se nota ya en el primer plano que comparten juntos. Frank Darabont, su director, refuerza un relato corto del autor americano y le aporta un ritmo, una cadencia y unos giros argumentales que consiguen que el espectador mantenga en todo momento el interés por lo que sucede en el interior de aquella cárcel, ya sea en su punto de máximo climax como simplemente acompañando a los internos por sus paseos rutinarios en el patio de reunión. Quizá sólo en “La milla verde” Darabont alcanzó esa nivel de realización, pero allí la historia terminaría por escapársele a King de las manos (algo bastante frecuente en casi todas sus obras) y las consecuencias también las pagaría en este caso Frank (que conste aquí que pese al innecesario toque fantástico final de esta última obra, considero que es también uno de los mejores trabajos de su carrera).

        La brillantez de un guión con aquellos giros inesperados (especialmente el que a Ryta Hayworth, Marilyn Monroe y Raquel Welsh se refiere), sus grandes interpretaciones o su pulcro trabajo técnico, dieron a esta película diez merecidísimas nominaciones a los Oscar pero, sorprendentemente, ni uno solo de los premios. Oscars aparte lo que está claro es que esta título ya forma parte de la historia. Relanzó la carrera de un irregular Morgan Freeman, nos confirmó el talento que ya conocíamos de Tim Robbins y nos demostró a todos que existían historias de Stephen King dignas de ser llevadas a la gran pantalla. Aunque aquel año todos los premios fuesen para “Forrest Gump“…

        Místico

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          Una absoluta OBRA MAESTRA


          “¿Cuál es tu película favorita?” Una simple pregunta; una complicadísima respuesta. Más de una vez me he visto en el apuro de tener que elegir una cinta entre la multitud de títulos que, por un motivo u otro, en una etapa u otra, me dejaron huella. ¡Qué difícil resulta cuando los títulos son tantos y los géneros tan diferentes! Pocas veces he tenido la respuesta clara, pero de lo que estoy absolutamente seguro es de que si esta película no lo es, al menos se acerca mucho. Cuenta además con algo muy positivo a su favor: que el paso del tiempo no ha restado ni un ápice de su valor. Más bien le ha ayudado a crecer aún más. En muchas ocasiones vemos una película y con el fervor del visionado reciente creemos qué es de lo mejor que hemos visto nunca y sólo pasado el tiempo nos damos cuenta del error de apreciación. Esto no le sucede a “Seven“. El tiempo la ha engrandecido aún más si cabe. He perdido la cuenta de la cantidad de veces que he podido ver esta película y ni una sola vez bajó mi apreciación hacia ella.

          En su momento se prometía la típica producción americana donde una cara guapa y de moda se iba a lucir en todos y cada uno de sus planos, que resultaría entretenida, haría dinero en taquilla y poco más. David Fincher (su director) era poco conocido y su última película (”Alien 3“) tampoco pronosticaba nada excelente. Pocos sabíamos por aquel entonces que Fincher se jugaba con este título su continuidad en el mundo del cine, pues por aquel entonces se mascaba su vuelta al mundo de los video-clips dado sus pobres resultados en la pantalla grande (algo que nos habría privado de otros buenos títulos como “The game“, “El club de la lucha” o “Zodiac“). Nadie conocía a Andrew Kevin Walker, el guionista que trabajaba en una tienda de discos y que escribió este guión en sus ratos de descanso. Tan sólo la nueva estrella del firmamento americano, Brad Pitt y el veterano Morgan Freeman daban peso a la cinta, pues Gwyneth PaltrowKevin Spacey no eran por aquel entonces los nombres tan conocidos que en un futuro serían.

          El resultado final sorpendió a todos. Una película que tomaba cinco años después el testigo de “El silencio de los corderos” pero que añadía ingredientes nuevos al género. Sus claros guiños al cine negro, el cumplimiento de la premisa “Sugerir más que mostrar” llevada a la maestría, la soberbia planificación, la recreación de ambientes claustrofóbicos y cerrados gracias a los excelentes encuandres e inmejorable iluminación que posteriormente serían imitados (o más bien se intentarían imitar) hasta la saciedad, su espectacular montaje (que le valdría una nominación al Oscar ), el increíble guión y su inesperado giro final… Fueron tantos los factores que sirvieron para hacer de “Seven” la obra maestra que hoy en día es que sólo me puedo quitar el sombrero y soñar con que algún día algo así pueda ser repetido.

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