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Bienvenidos a Plano Medio. Un blog de críticas del cine de siempre donde podras descubrir curiosidades de tus películas favoritas.

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Cuando la boca calla pero los ojos gritan


el-bolaLlegado el momento de escribir sobre “El Bola” creo que pocas son las palabras que harían justicia a un título como éste. Y es que ante la ópera prima de Achero Mañas no puedo más que quitarme el sombrero. Creo que pocas veces (muy pocas veces) se han expresado tantos sentimientos con una sola mirada, con la simple mirada de un niño que calla porque no puede hablar, pero que sus ojos gritan lo que su boca no se atreve siquiera a pronunciar.

Y es que cuando en el año 2000 el actor Achero Mañas presentaba al mundo esta película y un jovencísimo Juan José Ballesta se daba a conocer como protagonista de la misma, difícil era comprender la trascendencia que tendría entonces aquel título. Sólo cuando la cinta se alzó como ganadora al año siguiente de los Goya más importantes del año, algunos optamos por verla por primera vez y fue entonces cuando comprendimos el por qué de todos esos premios.

Un película dura, muy muy dura, que mostraba una realidad no ya desde los hechos en sí, sino desde los sentimientos que los mismos generaban. Unos sentimientos enfrentados y varias realidades contrapuestas las que nos presentaba aquí un Achero Mañas que utilizaba a dos familias no sólo distintas en las apariencias, sino especialmente en cada uno de sus valores. Soberbio Juan José Ballesta y el resto de actores, así como sobrecogedora su secuencia final. Pocas veces se han rodado escenas con tanta carga de realismo… un realismo ciertamente indignante porque ojalá nunca tuviesen que rodarse películas como ésta.

Místico

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    La apuesta más poética de Alejandro Amenábar


    mar-adentroDe espectacular se podría clasificar el giro que experimentó la carrera del director Alejandro Amenábar con este título del año 2004. Asociado al género fantástico y de suspense (no hay que olvidar que uno de sus grandes referentes fue siempre Alfred Hitchcock), Alejandro emprendía con este metraje una incursión en un género desconocido hasta la fecha por él: el género dramático. Para ello no sólo volvía a contar con Mateo Gil en labores de ayudante de guión, sino que fichaba a uno de los grandes de nuestro cine (Javier Bardem) y le confiaba al mismo la mayor parte del peso de la cinta.

    El actor mostraba con este título gran parte de su consabido talento interpretando de un modo absolutamente convincente un personaje de extremísima dureza, una dificultad que mar-adentro1no sólo era fruto de la situación que el mismo vivía, sino especialmente porque se trataba de un personaje real al que se debían rendir los máximos respetos. Bardem aprobó el reto con nota, como casi la totalidad de un reparto que en la noche de los Goya coparon la totalidad de los premios interpretativos. Quizá falló su partenaire, una “simplemente correcta” Belén Rueda redescubierta para el cine y que encarnaba aquí a otro de los personajes más complejos del metraje (fruto de la unión de varios personajes reales).

    Una cinta multipremiada, ganadora del Oscar de Hollywood, que batió records en los premios Goya (catorce). Soberbia como no podía ser de otro modo la realización, más teniendo en cuenta lo delicado y polémico del tema que aquí se trataba; poético a rabiar aquel viaje que el alma y la mente de Bardem iniciaban en una ventana y finalizaban en aquella romántica playa; bellísima la banda sonora de melodías gallegas compuesta por el propio Amenábar y más bellos si caben aquellos versos con los que finalizaba la cinta sabiamente extraídos de las  “Cartas desde el infierno” de Ramón Sampedro. Sin duda el mejor punto y final para un post como éste:

    “Mar adentro,
    mar adentro.

    Y en la ingravidez del fondo
    donde se cumplen los sueños
    se juntan dos voluntades
    para cumplir un deseo.

    Un beso enciende la vida
    con un relámpago y un trueno
    y en una metamorfosis
    mi cuerpo no es ya mi cuerpo,
    es como penetrar al centro del universo.

    El abrazo más pueril
    y el más puro de los besos
    hasta vernos reducidos
    en un único deseo.

    Tu mirada y mi mirada
    como un eco repitiendo, sin palabras
    ‘más adentro’, ‘más adentro’
    hasta el más allá del todo
    por la sangre y por los huesos.

    Pero me despierto siempre
    y siempre quiero estar muerto,
    para seguir con mi boca
    enredada en tus cabellos.”

    Ramon Sampedro

    Místico

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      Cuando el amor se convierte en pesadilla


      te-doy-mis-ojosCuando se cuenta una historia en la que el maltrato de género se convierte en la clave argumental de la misma, ésta se puede plantear de varias formas distintas. Quizá la más compleja de todas, la más polémica y atrevida (pero posiblemente la más acertada) sea la que Icíar Bollaín utilizó, allá por el año 2003, en “Te doy mis ojos“. Una cinta que iba más allá de los actos en sí, que profundizaba en la psique de cada uno de los personajes y que, lejos de buscar culpables, indagaba en las causas que existían tras una conducta tan absolutamente desgarradora. Aquí no había “buenos” ni “malos”, aquí se entendía que en situaciones como ésta tanto maltratado como maltratador son auténticas víctimas de una dependencia mutua absolutamente destructiva.

      Un título que no sólo se centraba en sus protagonistas, sino que investigaba el papel que desempeñaban todos aquellos que rodeaban a la trágica pareja. En palabras de su propia directora: “Te  doy mis ojos” habla también de una madre que consiente, una hermana que no entiende, un hijo que mira y calla, unas amigas, una sociedad y una ciudad como Toledo que añade, con su esplendor artísitico y su peso histórico y religioso, una dimensión más a esta historia de amor, miedo y poder.

      Todo un ejercicio de maestría argumental que no pasó indiferente a los miembros de la Academía (ganadora de siete premios Goya, incluyendo mejor película). Una Laia Marull y un Luis Tosar absolutamente convincentes en una obra que huía del dramatismo fácil y que demostraba que el talento de su directora no se limitaba a terrenos puramente interpretativos.

      Místico

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        El nacimiento de un nuevo cine en España


        tesisCreo firmemente que esta película marcaría un “antes” y un “después” en nuestro cine más español. Es posible que otros títulos ya hubiesen abierto el camino para ello, un camino que llevaría a entender nuestro cine de un modo diferente al tratado hasta la fecha, pero fue Alejandro Amenábar y su ópera prima “Tesis” los que se alzaron como abanderados absolutos de tan necesario cambio. Quizá fuese por el género que trataba, tan poco habitual en los proyectos de la época; tal vez la diferencia radicase en su ritmo, tan inusual en lo que a producciones patrias se refería o quizá lo diferente lo encontrábamos en su planteamiento, donde los diálogos eran una mera excusa para hacer avanzar la historia… pero el caso es que “Tesis” lo cambió todo.

        La película, protagonizada por una “recuperada” Ana Torrent y un desconocido Eduardo Noriega, supuso un brillantísimo punto de partida para uno de los directores más talentosos que había dado nuestro cine pero, como buena ópera prima que era, también estaba salpicada de bastantes errores. Podríamos hablar por ejemplo de ciertos fallos en el guión, los cuales dejaban claro que el mismo estaba escrito por gente muy pero que muy joven: desarrollo con varios finales, diálogos tan “americanizados” que resultaban poco convincentes, soluciones rápidas e injustificadas a situaciones complejas… (¿alguien tesis2entiende de dónde salía el cuchillo con el que Ángela se liberaba de las cuerdas en aquel famoso garaje?). Errores que no sólo se plasmaron en el guión, sino también especialmente en la dirección de los propios actores. Por aquellos tiempos Amenábar era un director mucho más técnico que artístico y esto se notaría especialmente en el trabajo de Fele Martínez, cuyo interesante personaje era absolutamente destrozado por un intérprete que injustamente ganaría el Goya al mejor actor revelación aquel año.

        Toda estas erratas (en cierto modo lógicas) no desmerecieron en absoluto el mérito de la película, una cinta que se convertiría en la absoluta sorpresa de la edición de los Goya de aquel año. Y es que “Tesis“  no sólo conseguía dejarnos una incómoda inquietud tras su sufrido visionado, sino que analizaba como pocas películas lo hicieron nuestros instintos más morbosos, haciéndonos entender una vez más que, cuando se sugería y no se mostraba, los efectos conseguidos podían ser absolutamente sobrecogedores.

        Hasta aquí el repaso de hoy. Un Tony Roma’s ya está esperando…

        Místico

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          Un conjunto magistral


          la-comunidadCorría el año 2001. “La Comunidad” se presentaba como favorita indiscutible de los premios Goya. Quince eran las nominaciones que acumulaba la obra de Álex de la Iglesia, que contaba, además, con un respaldo enorme tanto de crítica como de público. Era difícil imaginar otro resultado aquella noche que no fuese el del triunfo indiscutible de la película de Carmen Maura.  Sin embargo, contra todos los pronósticos, una conmovedora ópera prima titulada “El Bola” le arrebataba el protagonismo en una noche que dejó a los aficionados un cierto sabor agridulce. Ocho años después uno sigue pensando que en algunas ocasiones este tipo de premios se deberían partir por la mitad. “El bola” me emocionó (de hecho en breve hablaré de ella), pero la película de Álex de la Iglesia es de ésas que engrandecieron en su momento el cine de nuestro país. Y los motivos por los que lo hizo fueron muchos y muy diferentes…

          Podríamos hablar de su historia, de ese cómic cinematográfico de humor negro tan magistralmente narrado; podríamos hablar de sus interpretaciones, con una Carmen Maura a la cabeza que no se dejaba eclipsar por unos secundarios tan soberbios que por sí mismos ya componían una sola película; podríamos hablar de su calidad técnica, absolutamente brillante, donde sus efectos especiales, fotografía, dirección artística, etc. componían un todo que sólo podía catalogarse de genial; podríamos hablar del buen ojo de Álex de la Iglesia en una realización que ya de antemano se antojaba compleja; podríamos hablar de muchas cosas, pero lo que está claro es que ésta es una de esas obras que engrandece aún más si cabe nuestro mejor cine español.

          La cinta, finalmente, sólo se alzó con tres premios: A la mejor actriz protagonista (Carmen Maura), al mejor actor de reparto (Emilio Gutiérrez Caba) y a los mejores efectos especiales. Una verdadera lástima teniendo en cuenta la calidad de la misma en todos los demás apartados…

          Místico

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