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Bienvenidos a Plano Medio. Un blog de críticas del cine de siempre donde podras descubrir curiosidades de tus películas favoritas.

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Una inquietante propuesta llegada de Oriente


2-hermanasHace ya cinco años nos llegaba de la lejana Corea una extraña película que a mí personalmente me sorprendió. Se trataba de un trabajo del director Kim Ji-Woon que, pese a haber surgido en pleno éxtasis del cine de terror oriental, mantenía con sus hermanas llegadas de oriente una diferencia formal que sin duda la hacía diferente. Una trama ligeremente enrevesada que recreaba en cambio la mejor de las atmósferas posibles y que, apoyada por unas buenas interpretaciones, conseguía jugar con la psique del espectador de un modo muy diferente a lo que habían hecho hasta la fecha títulos como “The Ring” o “La Maldición“.

Dos hermanas” no estaba plagada de saltos de butaca. Aquí el terror estaba interiorizado en los propios personajes, en el oscuro pasado que envolvía a cada uno de ellos. Y es que lo realmente brillante de esta cinta era su atmósfera, recreada en la confusión de sentir un miedo diferente: aquel que sabíamos presente pero que no éramos capaces de comprender, la angustia de saber que ese miedo existía y no ser capaces de verlo.

Su espectacular giro argumental no sólo conseguía sorprender a los espectadores menos avispados, sino que a diferencia de otros títulos con final similar, servía para atar aquellos cabos que un guión tan complejo iba dejando a lo largo del metraje.

Cierto es que en determinados momentos la cinta divagaba en exceso, pero también lo es que ésta fue una de las pocas películas diferentes que se nos ofreció en unos años cargados de demasiadas propuestas de terror oriental.

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    Polémica y sorprendente


    el-club-de-la-luchaExisten ocasiones en las que una película no llega a alcanzar el éxito durante su estreno en las salas pero con el paso de los años se va consolidando hasta terminar convirtiéndose en película de culto. Esto mismo es lo que sucedió con “El Club de la Lucha“, la cuarta película de David Fincher que suponía el reencuentro con Brad Pitt tras el éxito de “Seven” y en la que también figuraban nombres como los de Edward Norton y Helena Bonham Carter.  Un película ciertamente arriesgada con un montaje de lo más atrevido y cuyo guión (del que a estas alturas se ha dicho ya casi de todo) a mí se me antojó simplemente genial.

    Es posible que el giro argumental que experimentaba esta película se haya convertido con el paso de los años en su principal seña de identidad, pero resulta también de justicia reconocer que la construcción de cada uno de los personajes y el desarrollo narrativo de toda la historia en sí misma son motivos más que suficientes para creer en este título por encima de finales sorprendentes (que para mí en cierto modo resultó algo previsible).

    Basado en la novela homónima de Chuck Palahniuk, éste ha sido otro de esos títulos cuyo giro argumental ha sido imitado hasta la saciedad (”La ventana secreta“, “El maquinista“…) pero cuyo polémico trasfondo, su crítica implicita a los valores de la sociedad actual, su original montaje y el carisma de sus actores principales hicieron de él un producto único y ciertamente difícil de superar.

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      El desenlace que hizo pasar un título a la historia


      el-sexto-sentidoPara un fanático del género fantástico como es el que escribe, crear un blog de títulos inolvidables y saltarse éste resulta imperdonable.  La obra más importante de Night Shyamalan, el título que nos hizo comprender que un giro argumental podía hacer pasar una película a la historia del cine, la obra que dio a conocer al mundo a un prodigioso Haley Joel Osment y que nos hizo creer que Bruce Willis era capaz de hacer algo más en una pantalla que saltar por encima de los coches.

      Está claro que “El sexto sentido” es hoy recordada (diez años después de su estreno) por su sorprendente final, pero es de justicia reconocerle otros muchos méritos que hicieron de éel-sexto-sentido1sta la mejor de todas las obras de un Shyamalan que fue perdiendo fuerza con el resto de sus títulos (”bosques” aparte). El primero de estos méritos se llamaba Haley, un niño de apenas 10 años que nos dejaba a todos con la boca abierta con una interpretación que le valdría una merecidísima nominación al Oscar. Pero Haley no estaba solo. El resto del reparto supo estar a la altura, desde un Bruce Willis que sorprendía a propios y extraños hasta una Toni Collete que bordaría un papel con una altísima carga dramática. De su guión, poco se puede añadir ya. Cuidado hasta el extremo en cada una de sus secuencias para llevarnos a una sorpresa final que nos dejaba el-sexto-sentido3a todos clavados en la butaca. Unas secuencias que fueron tratadas con bisturí para no perder en ningún momento el sentido una vez fuera descubierto el final, pero al mismo tiempo facilitaran al espectador más hábil los datos necesarios para adelantarse a tan conocido desenlace. El trabajo de Shyamalan, su planificación, la soberbia utilización del sonido… Muchos aciertos y una frase para la historia del cine: ¿Quién no recuerda a Osment tapado con aquella manta confesándole a Willis aquello de “En ocasiones veo muertos”? Esperemos que Shyamalan nos vuelva a mostrar algún día ese talento, porque “en ocasiones” supo también estar a la altura.

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        La película que nos despertaría para siempre


        abre-los-ojosEn ocasiones creemos que una película de ciencia ficción equivale a un espectacular despliegue de medios técnicos, donde naves espaciales, espadas láser y efectos digitales se alzan como absolutos protagonistas de la misma. Un joven Alejandro Amenábar, en 1997, nos demostró que cuando se tiene talento nada de esto es necesario.

        Abre los ojos” fue el título que Amenábar nos presentaba tras su multipremiada “Tesis“, un título que se convertiría “a posteriori” en toda una declaración de principios. La cinta, protagonizada por unos ya populares Eduardo Noriega y Fele Martínez y por una “recuperada” Penélope Cruz (dicen las malas lenguas que el personaje de Ángela en “Tesis” estaba pensado para ella, pero que la de Alcobendas lo rechazó por tratarse de un director desconocido), conseguía “abrirnos los ojos” en cuanto a cine español se refería. Y es que pocos creíamos que se podían hacer cosas distintas a las que Aranda, Almodóvar o Garci nos habían mostrado a lo largo de los años, es decir, un sinfín de títulos con dos únicos géneros en común: el drama o la comedia.

        Abre los ojos” simulaba ser una película caótica, un complejo rompecabezas qabre-los-ojos1ue no parecía mantener nexo entre sus piezas, más parecido a las reflexiones sin orden de una mente enferma que a un guión cuidado e hilvanado de modo lógico y coherente. Sin embargo, como ya haría en alguna otra ocasión, Amenábar guardaba una sorpresa final, una sorpresa que no sólo daría sentido a todas aquellas imágenes que se nos antojaban “sin sentido”, sino que conseguiría el “más difícil todavía”, cambiando en el último momento el género de la película.

        Los derechos de “Abre los ojos” no tardarían en ser comprados por los americanos (más concretamente por Tom Cruise), fruto de lo cual nacería algunos años después “Vanilla Sky“, remake protagonizado por el propio Cruise, Cameron Díaz y una Penélope Cruz que sería la única que repetiría de la versión original. De este proyecto nacerían otros dos: el romance entre nuestra Pe y el protagonista de “Top Gun” y algo infinitamente más importante, el que firmaría Tom con Amenábar llamado “Los Otros“.

        Y a Alejandro se le ocurrió esta historia mientras estaba en cama con fiebre… Muchas fiebres de éstas querría tener yo.

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          “¿Qué regalarías a un hombre que lo tiene todo?”


          the-gameDos años antes, David Fincher había sorprendido a propios y extraños con un título que marcaría para siempre toda su trayectoria: “Seven“. Ahora, en 1997, presentaba el que era su nuevo proyecto. Esta vez con Michael Douglas de protagonista y tocando un género que, pese a ser similar al del último de sus títulos, no podía ser más diferente. Su nombre: “The game“.

          Estaba claro que ésta era una película destinada a triunfar en la taquilla de todo el mundo. El primer motivo, por estar aún tan reciente el impacto de “Seven“, pero también de un modo claro por contar con una gran estrella en su reparto, así como por corresponderse con uno de los géneros favoritos del público (mucho más patente aún en aquellos años).

          El nuevo trabajo del director no nos dejó del todo insatisfechos. Sin alcanzar las cotas de magistralidad de su anterior trabajo, Fincher nos volvía a demostrar una vez más que sabía cómo crear tensión en un metraje, manteniendo la atención del espectador ante todo lo que sucedia en la pantalla. Quizá falló Douglas  (el que escribe no le tiene en gran estima). Cualquier otro actor, aunque no hubiese sido tan conocido, habría aportado más convencimiento a una historia ya interesante de por sí, aunque sí reconozco que la química con su compañera de reparto resultaba innegable.

          Sus giros argumentales y un Sean Penn una vez más impecable consiguieron que esta atractiva historia cobrase el peso necesario para que, once años después de su estreno, se siga recordando (al menos para mí) como uno de los mejores trabajos de Fincher.

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            El talento que se escondió en “El bosque”


            Resulta curioso cuánto puede diferir la valoración de una película según quién la visiona, los gustos que tenga o las expectativas que se depositen en la misma. Si ha existido un título en los últimos años con el que he conseguido despertar toda la polémica, sin duda ése es “El Bosque“.

            M. Night Shyamalan se dio a conocer al mundo cuando, allá por 1999, sorprendió a todo un planeta con una cinta protagonizada por un talentoso niño de diez años llamado Haley Joel Osment (ese mismo año nominado al Óscar por esta interpretación) y un desconocido Bruce Willis en un título que pasaría a la historia gracias principalmentalmente a su inesperado giro final: “El sexto sentido“. Hubo quien encumbró a este joven director de origen indio en aquel mismo instante sin tener en cuenta lo prematuro del encumbramiento, pues Shyamalan tan sólo nos había mostrado su valía en este título.

            La producciones que siguieron a tan famosa cinta nos dejaron a todos con un amargo sabor de boca. Se confiaba muchísimo en este director, pero sus muestras de talento quedaron reducidas a la mínima expresión en títulos como “El protegido“, “Señales“, “La joven del agua” o “El incidente“. Ahora, hubo una excepción…

            En 2004, tras la gran decepción que habían supuesto sus dos últimos trabajos, Shyamalan presentaba al mundo el que ya sería el sexto de sus títulos: “El bosque“. Como iba siendo habitual, contaba con un atractivo plantel de actores, entre los que destacaban nombres como Sigourney Weaver, William Hurt, Joaquín Phoenix o Adrien Brody. La cinta se presentaba como una película de época dentro del género fantástico y de terror y, estoy absolutamente seguro de ello, ahí estuvo el error. Aquellos que acudieron a ver “El bosque” lo hacían con la intención de pasar miedo y lo que encontraron en las salas no podía ser más diferente. La nueva propuesta de Shyamalan no iba enfocada para nada en ese sentido, aunque su campaña publicitaria así lo indicase. La propuesta era mucho más arriesgada, pero los espectadores quizá se sintieron tan “engañados” que no apreciaron que lo que se les estaba dando era infinitamente mejor que cualquier cinta plagada de saltos de butaca.

            El bosque” era una critica a la condición humana, a las relaciones que se establecían en una sociedad, a lo que se daba por hecho o se dejaba entrever, a los valores que la mantenían en pie, a los miedos de la misma… Algunos de sus diálogos mostraron el verdadero talento que creíamos definitivamente perdido en Shyamalan. Mención especial para dos de ellos: Joaquín Phoenix y una brillante Bryce Dallas Howard en el porche de su casa, cuando el joven le declara el amor que profesa hacia ella y un segundo del mismo Joaquín, esta vez con su madre en la ficción (Sigourney Weaver), intentando explicarle por qué razón cree en el amor que por ella siente William Hurt (aquel famoso “nunca te toca”). En ambos diálogos Shyamalan muestra una sensibilidad y un conocimiento del ser humano que estaría por encima de cualquier polémica. A todo esto sumemos un final, desde mi punto de vista, tan sorprendente como pudo ser el del más famoso de sus títulos y encontramos una bella obra que profundizaba en los más oscuros rincones de cualquier comunidad, al mismo tiempo que abría una nueva ventana de esperanza a los que aún seguíamos confiando en el director indio. Pero claro está, hubo muchos que se molestaron por no dar saltos en la butaca…

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              La maestría de una obra perfecta


              Han pasado más de siete años desde que un joven Alejandro Amenábar, acompañado en todo momento de una sonriente Nicole Kidman, presentara este título en el festival de Venecia, un festival en el que la cinta no recogería ningún premio pero sí excelentes críticas. Poco tiempo después “Los Otros” llegaba a las salas españolas. Recuerdo incluso el día del estreno (principios de septiembre del año 2001) y lo recuerdo porque ésta de la que hablo hoy es, simplemente, MI PELÍCULA FAVORITA.

              Alejandro Amenábar ya había dado muestras de su enorme talento en “Abre los ojos” y, en cierto modo, también en “Tesis“. Lo que hizo aquí, sin embargo, estaría fuera de cualquier posible comparación, porque estamos hablando simplemente de algo irrepetible, de lo más próximo a lo que entenderíamos en el cine actual a “una obra perfecta”. Perfecta en su guión, completamente cerrado y sin ningún tipo de fisura; perfecta en su ambientación (¡lo que debe agradecer aún Alejandro la visita que hizo a tierras santanderinas donde encontró el caserón!); perfecta en su casting y en sus interpretaciones (y eso que “a priori” el que escribe no confiaba mucho en la Kidman para este papel); perfecta en su fotografía (Nunca Aguirresarobe estuvo tan acertado); perfecta en esa banda sonora que construyó el propio Amenábar y que, injustamente, no ganó el Goya ese año; perfecta, simplemente perfecta. Un ambiente, una textura, una caracterización que recordaba tíulos de antaño, cuando Hollywood nos enseñaba al mundo entero lo que era hacer buenas películas.

              Dicen que Amenábar, un años antes, había salido llorando de una sala de cine. Y salía de este modo porque acababa de ver la última obra de un desconocido en aquel momento M. Night Shyamalan protagonizada por Bruce Willis (¿Es necesario decir el título?). Y lo hacía porque creía que alguien se le había adelantado, que alguien le había quitado la idea que él mismo había comenzado a fraguar allá por el año 1998, cuando aún resonaban los ecos de su inolvidable “Abre los ojos“. Ocho años después ya sabemos que no tenía motivos para hacerlo, porque si bien es cierto que ambas cintas compartían ciertos nexos, también lo era que los puntos de vista en el que estaban tratadas eran totalmente distintos. Pero claro, quién se lo decía en ese momento…

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