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Bienvenidos a Plano Medio. Un blog de críticas del cine de siempre donde podras descubrir curiosidades de tus películas favoritas.

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Polémica y sorprendente


el-club-de-la-luchaExisten ocasiones en las que una película no llega a alcanzar el éxito durante su estreno en las salas pero con el paso de los años se va consolidando hasta terminar convirtiéndose en película de culto. Esto mismo es lo que sucedió con “El Club de la Lucha“, la cuarta película de David Fincher que suponía el reencuentro con Brad Pitt tras el éxito de “Seven” y en la que también figuraban nombres como los de Edward Norton y Helena Bonham Carter.  Un película ciertamente arriesgada con un montaje de lo más atrevido y cuyo guión (del que a estas alturas se ha dicho ya casi de todo) a mí se me antojó simplemente genial.

Es posible que el giro argumental que experimentaba esta película se haya convertido con el paso de los años en su principal seña de identidad, pero resulta también de justicia reconocer que la construcción de cada uno de los personajes y el desarrollo narrativo de toda la historia en sí misma son motivos más que suficientes para creer en este título por encima de finales sorprendentes (que para mí en cierto modo resultó algo previsible).

Basado en la novela homónima de Chuck Palahniuk, éste ha sido otro de esos títulos cuyo giro argumental ha sido imitado hasta la saciedad (”La ventana secreta“, “El maquinista“…) pero cuyo polémico trasfondo, su crítica implicita a los valores de la sociedad actual, su original montaje y el carisma de sus actores principales hicieron de él un producto único y ciertamente difícil de superar.

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    Cuando el asesinato se convierte en expresión artística


    el-coleccionista-de-huesosMuchas fueron las películas que, a partir del éxito de “Seven“, intentaron relanzar un género más de moda que ninguno en los años noventa. Me refiero a aquel que había sido reinventado años atrás por “El silencio de los corderos” y que los espectadores de todo el planeta parecían reclamar en títulos que no estuvieron nunca a la altura de estas dos grandes referencias. Obras como “El coleccionista de amantes“, “Copycat” o “Resurrección” hicieron el intento, pero ninguna de ellas conseguiría siquiera aproximarse al clima de angustia, tensión y magistral realización de las obras de Jonathan Demme y David Fincher.

    En 1999, sin embargo, Phillip Noyce nos presentaba un oscuro thriller protagonizado por una joven Angelina Jolie y por un siempre carismático Denzel Washington que fue, a mi justo parecer, la única que supo aproximarse a lo que los espectadores tanto demandaban por aquel antonces. “El coleccionista de huesos” supuso, para los que amábamos este “nuevo” género, un reencuentro con Buffalo Bill o John Doe, un reencuentro con ese asesino en serie de extrema inteligencia y fetichismo extremo que conseguía transmitirnos miedo y admiración a partes iguales. La contínuas pruebas a las que iba sometiendo a sus fustrados perseguidores, unida a la magistralidad de la puesta de escena de todos y cada uno de los asesinatos, consiguieron que este título no fuera uno de tantos condenados a caer en el olvido. Quizá falló el final, demasiado inverosímil como para estar a la altura de ninguna de las dos “grandes” anteriormente citadas. Aún así, prefiero quedarme con todo el conjunto.

    Y es que no hay una sola vez que suba a un taxi que no recuerde en algún momento la secuencia inicial de este título. Gracias a Dios que hasta la fecha a ningún taxista se le ha ocurrido colgar un mono en miniatura del retrovisor de su coche… al menos ninguno de aquellos con los que yo haya montado… Gracias a Dios.

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      “¿Qué regalarías a un hombre que lo tiene todo?”


      the-gameDos años antes, David Fincher había sorprendido a propios y extraños con un título que marcaría para siempre toda su trayectoria: “Seven“. Ahora, en 1997, presentaba el que era su nuevo proyecto. Esta vez con Michael Douglas de protagonista y tocando un género que, pese a ser similar al del último de sus títulos, no podía ser más diferente. Su nombre: “The game“.

      Estaba claro que ésta era una película destinada a triunfar en la taquilla de todo el mundo. El primer motivo, por estar aún tan reciente el impacto de “Seven“, pero también de un modo claro por contar con una gran estrella en su reparto, así como por corresponderse con uno de los géneros favoritos del público (mucho más patente aún en aquellos años).

      El nuevo trabajo del director no nos dejó del todo insatisfechos. Sin alcanzar las cotas de magistralidad de su anterior trabajo, Fincher nos volvía a demostrar una vez más que sabía cómo crear tensión en un metraje, manteniendo la atención del espectador ante todo lo que sucedia en la pantalla. Quizá falló Douglas  (el que escribe no le tiene en gran estima). Cualquier otro actor, aunque no hubiese sido tan conocido, habría aportado más convencimiento a una historia ya interesante de por sí, aunque sí reconozco que la química con su compañera de reparto resultaba innegable.

      Sus giros argumentales y un Sean Penn una vez más impecable consiguieron que esta atractiva historia cobrase el peso necesario para que, once años después de su estreno, se siga recordando (al menos para mí) como uno de los mejores trabajos de Fincher.

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        Una absoluta OBRA MAESTRA


        “¿Cuál es tu película favorita?” Una simple pregunta; una complicadísima respuesta. Más de una vez me he visto en el apuro de tener que elegir una cinta entre la multitud de títulos que, por un motivo u otro, en una etapa u otra, me dejaron huella. ¡Qué difícil resulta cuando los títulos son tantos y los géneros tan diferentes! Pocas veces he tenido la respuesta clara, pero de lo que estoy absolutamente seguro es de que si esta película no lo es, al menos se acerca mucho. Cuenta además con algo muy positivo a su favor: que el paso del tiempo no ha restado ni un ápice de su valor. Más bien le ha ayudado a crecer aún más. En muchas ocasiones vemos una película y con el fervor del visionado reciente creemos qué es de lo mejor que hemos visto nunca y sólo pasado el tiempo nos damos cuenta del error de apreciación. Esto no le sucede a “Seven“. El tiempo la ha engrandecido aún más si cabe. He perdido la cuenta de la cantidad de veces que he podido ver esta película y ni una sola vez bajó mi apreciación hacia ella.

        En su momento se prometía la típica producción americana donde una cara guapa y de moda se iba a lucir en todos y cada uno de sus planos, que resultaría entretenida, haría dinero en taquilla y poco más. David Fincher (su director) era poco conocido y su última película (”Alien 3“) tampoco pronosticaba nada excelente. Pocos sabíamos por aquel entonces que Fincher se jugaba con este título su continuidad en el mundo del cine, pues por aquel entonces se mascaba su vuelta al mundo de los video-clips dado sus pobres resultados en la pantalla grande (algo que nos habría privado de otros buenos títulos como “The game“, “El club de la lucha” o “Zodiac“). Nadie conocía a Andrew Kevin Walker, el guionista que trabajaba en una tienda de discos y que escribió este guión en sus ratos de descanso. Tan sólo la nueva estrella del firmamento americano, Brad Pitt y el veterano Morgan Freeman daban peso a la cinta, pues Gwyneth PaltrowKevin Spacey no eran por aquel entonces los nombres tan conocidos que en un futuro serían.

        El resultado final sorpendió a todos. Una película que tomaba cinco años después el testigo de “El silencio de los corderos” pero que añadía ingredientes nuevos al género. Sus claros guiños al cine negro, el cumplimiento de la premisa “Sugerir más que mostrar” llevada a la maestría, la soberbia planificación, la recreación de ambientes claustrofóbicos y cerrados gracias a los excelentes encuandres e inmejorable iluminación que posteriormente serían imitados (o más bien se intentarían imitar) hasta la saciedad, su espectacular montaje (que le valdría una nominación al Oscar ), el increíble guión y su inesperado giro final… Fueron tantos los factores que sirvieron para hacer de “Seven” la obra maestra que hoy en día es que sólo me puedo quitar el sombrero y soñar con que algún día algo así pueda ser repetido.

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