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Bienvenidos a Plano Medio. Un blog de críticas del cine de siempre donde podras descubrir curiosidades de tus películas favoritas.

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“Ella va a cambiar tu vida”


amelieExisten películas mágicas, de ésas que te hacen creer que el ser humano es bueno por naturaleza (tal y como allá por el siglo XVIII afirmaba un tal Jean Jacques Rousseau). Títulos que te hacen soñar con la bondad que aún atesoran algunos humanos y que despiertan en ti la convicción de que el mundo aún puede ser maravilloso, siempre y cuando los que lo habitamos pongamos un poco de nuestra parte en que así sea. “Amelie“, el bello cuento contemporáneo que nos contó allá por el año 2001 el director francés Jean-Pierre Jeunet fue sin duda uno de ellos.

Protagonizada por una excelente Audrey Tautou, esta película se erigió en su momento como un bello cuento para adultos protagonizado por un encantadora joven que vivía ayudando a los demás de forma absolutamente desinteresada. Un análisis más exhaustivo de la película y mucho más psicológico sacaría rápidamente a la luz que existía un motivo por el cual la joven se comportaba de esta manera, y es que al intentar arreglar los problemas de otros evitaba enfrentarse a los suyos propios, muchos de los cuales provenían de un carácter tan tímido y reservado que dificultaba en cierto modo su correcta relación con los demás, especialmente en terrenos sentimentales. Un película narrada de un modo tan magistral que sus planos, música, colores y ritmo se convertían en elementos clave para transformar aquello que veíamos en verdaderas imágenes oníricas, muy alejadas del concepto de realidad que hasta ese momento teníamos.

Un bellísima y recomendable película y una frase para el recuerdo, frase con la que se cerraba este soberbio metraje: “Sin ti, las emociones de hoy no serían más que la piel muerta de las de ayer“. Sobran las palabras.

Místico

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    Una película hecha a medida


    la-boda-de-mi-mejor-amigoÉsta fue una de las películas más apropiadas para el lucimiento de Julia Roberts, un título de 1997 hecho a la absoluta medida de la megaestrella del momento que, como no podía ser de otro modo, “la novia de América” no dejó escapar.

    La boda de mi mejor amigo” es una comedia romántica un tanto extraña. Y es que en esta cinta (y no creo que a estas alturas estropee el final a nadie) la “chica” no sólo no termina con el “chico”, sino que además la protagonista de la historia, a través de la cual vivimos toda la trama, es en este caso la “mala” de la misma. Un punto de vista ciertamente original que supuso el reencuentro de Julla-boda-de-mi-mejor-amigo2ia Roberts con un género al que debía tanto y que nunca en un título como en éste (”Pretty Woman” aparte, claro) se había lucido de un modo tan acertado. Aquella melena rojiza y rizada que tanto había enamorado a Richard Gere volvía ocho años después a encandilar a millones de fans repartidos por todo el planeta. Y lo hacía acompañada de unos actores que, aunque en cierto modo estaban eclipsados por ella, supieron estar a su altura. El que más juego dio fue Rupert Everett. El personaje de amigo gay de la heroina resultaba de un peso tal que trascendía el concepto de personaje secundario, un divertidísimo segundo partenaire de la Roberts que dejala-boda-de-mi-mejor-amigo1ba explotar toda la vis cómica que atesoraba el actor inglés. Cameron Díaz, en su papel de adorable novia del protagonista, nunca resultó tan encantadora en ninguna cinta (como diría el propio personaje de Julia Roberts en este film: “Si no tuviese que odiarla, la adoraría”) y Dermot Mulroney demostraba con este título que no sólo Richard Gere poseía aquella química tan brutal con la protagonista de “Elegir un amor“.

    Una historia divertidísima, con unos personajes más divertidos aún y una canción para el recuerdo… ¿A quién no le ha venido alguna vez a la cabeza aquel “I Say a Little Player (For You)” cuando estaba aburrido sentado a la mesa?

    Místico

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      La comedia romántica que marcó una década


      pretty-woman1Sí, lo reconozco: soy fan de Julia Roberts. Pero no cualquier tipo de fan. Yo soy un fan en mayúsculas, uno de esos que si algún día se la encontrasen por la calle posiblemente se tuviesen que sujetar a una farola para no caerse al suelo. Hace ya un tiempo le dediqué un post bastante amplio a la que ya considero un mito de nuestros días y esta mañana, porque lo considero oportuno, le dedico otro a la película más importante ligada a su nombre (o al menos debería serlo para ella) porque fue la que sirvió para catapultar al estrellato a la hermana pequeña de Eric Roberts, a esa joven que había sido nominada a un Oscar por encogernos a todos el corazón en la quizá excesivamente pastelona “Magnolias de acero“.

      Pensarlo pone los pelos de punta, pero han pasado ya 20 años del estreno de esta película, 20 largos años en los que hemos revivido una y otra vez muchos momentos de la misma. Su famosa banda sonora, aquella tarde de compras por las tiendas más caras de la ciudad de Los Ángeles, el divertido momento en el restaurante, la secuencia final en las escaleras de incendios con ramo de flores incluido… son tantas las spretty-woman2ecuencias que forman ya parte del recuerdo colectivo, que un título como éste tenía que ocupar un espacio destacado dentro de este blog.

      Absolutamente espectacular la química entre Richard Gere y Julia Roberts, química que provocaría el reencuentro de ambas estrellas diez años después (mismo director incluido) en la fallida “Novia a la fuga“. En esta ocasión el reencuentro no tuvo los frutos esperados. Los motivos de este resultado pudieron ser muchos:  porque la historia resultaba insípida, porque algo entre ellos se había roto ya de forma definitiva o simplemente por la famosa premisa de “segundas partes nunca fueron buenas”… pero el caso es que la química entre ambos ya no era la misma. Una verdadera lástima teniendo en cuenta los suspiros que levantó esta comedia a lo largo de toda la década de los 90…

      Hoy toca desconectar en Nassica. Buen fin de semana a todos.

      Místico

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        Cuestión de química


        confidencias-a-medianoche¡Qué difícil resulta en ocasiones que dos actores que viven una gran historia de amor resulten convincentes delante de una cámara! Pueden ser los más guapos, los más cotizados, los que más de moda estén en ese momento, que si no hay química entre ellos, si no saltan esas chispas necesarias que no se explica en ningún manual de cine (ni de vida), todo el esfuerzo estará tirado a la basura. En multitud de ocasiones me he encontrado con títulos en los que sus protagonistas podían convencer por solitario, pero en cuanto se les veía juntos, simplemente las cosas no funcionaban. Aún recuerdo el intento fallido de Roger Michell al reunir a Julia Roberts y Hugh Grant en la olvidable “Notting Hill” que demostraba, una vez más, que cuando no existe la química, no hay esfuerzos que valgan (supongo que el efecto contrario fue lo que hizo a “Pretty Woman” alcanzar el éxito que tuvo).

        Muchos han sido los casos de actores que parece nacieron para estar juntos (y no sólo me refiero a parejas sentimentales) ¿Alguien por ejemplo se imagina a Stan Laurel sin Oliver Hardy? Pues esto es precisamente lo que me hace traer esta película hoy hasta aquí, porque creo firmemente que es uno de los casos de mayor química que se han dado en laconfidencias-a-medianoche1 historia del cine.

        Confidencias a medianoche” fue la cinta que reunió por primera vez a Rock Hudson con Doris Day, el primero de los tres títulos que reuniría a ambas estrellas y que valdría para demostrar que existe algo que no se explica con palabras y que es la causa de que un intercambio de miradas simplemente funcione. La divertida historia que nos cuenta esta comedia romántica quizá sea lo de menos (y eso que el guión me parece absolutamente genial). Aquí lo más importante es comprender hasta qué punto puede funcionar esa complicidad entre dos actores cuyos nombres ya irán para siempre unidos en la historia del cine. Más tarde llegarían “Pijama para dos” y “No me mandes flores“, pero ésta fue sin duda la mejor de las películas que reunió a la pareja por excelencia del cine de los 60. Y eso que Hudson era homosexual…

        Místico

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