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Bienvenidos a Plano Medio. Un blog de críticas del cine de siempre donde podras descubrir curiosidades de tus películas favoritas.

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Un ejercicio de sobriedad argumental


sin-perdonAsistir a la proyección de “Sin perdón” es presenciar una sobria exposición de sentimientos escondidos, puros y sinceros como pocas veces se han visto en el género de western. Asistir a estas dos horas de metraje supone reencontrarse con un hombre al que pocos conocen, más que quizá él mismo y la mujer a la que amaba. Es comprender que la vida obliga a mantener actitudes que poco se corresponden con lo que los sentimientos marcan. Es ser testigo de que la vida pasa, de que el tiempo cambia las cosas sin que nosotros podamos hacer nada para evitarlo. Es comprender la dureza de un mundo donde no se puede ser débil, porque como años después marcarían los Coen éste “no es país para viejos“…

Hablamos de una película poética, alejada de cualquier estereotipo del género. Aquí los protagonistan fallan cuando disparan, les cuesta subir a un caballo y, lo más importante, sienten remordimientos al matar a un hombre.

Sin perdón” es un ejercicio de sobriedad argumental, de sobriedad en la imagen e incluso en su sonido (a la muestra su bella banda sonora). Es la enésima demostración del talento de Clint Eastwood tanto delante como detrás de las cámaras y una justa merecedora del Oscar a la mejor película. Es el encuentro de tres pesos pesados (Eastwood, Freeman y Hackman) en un intento por resucitar un viejo género al que consiguió desmitificar y engrandecer a partes iguales.

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    Absolutamente desgarradora


    los-puentes-de-madisonEn ocasiones uno siente la necesidad de hablar de un título como éste, más aún cuando la primera vez no se le hizo demasida justicia. Y digo esto porque yo fui uno de aquellos que condenaron esta película al poco tiempo de verla. Tuvieron que pasar unos cuantos años y quizá tener la predisposición y madurez necesaria para entender la grandeza de esta cinta. “Los puentes de Madison” es una película compleja, y no me refiero precisamente a su argumento: sencillo y sin giros inesperados. Su complejidad radica en los sentimientos que transmite, en unos sentimientos enfrentados que suponen uno de los mayores conflictos con los que puede encontrarse un ser humano: hablo de la lucha eterna entre su corazón y su razón.

    Interpretada de forma magistral por una siempre brillante Meryl Streep, por un “más humano que nunca” Clint Eastwood y dirigida por este último, esta cinta consigue, pese a su lento ritmo (o quizá precisamente gracias a él), que nos identifiquemos con unos personajes de un modo pocas veces visto en una pantalla. “Los puentes de Madison” es sentimiento en estado puro, es entender aquello que llaman “amor” y convertirte en parte activa de todos y cada uno de los momentos que en esta cinta se viven.

    La escena final de un Eastwood llorando bajo la lluvia y una Streep dudando ante la decisión más importante de su vida ha pasado ya a la historia del cine. Pocas escenas cinematográficas han conseguido con tanto silencio y con tan sólo un cruce de miradas transmitir tantas emociones de tan alta carga dramática. Una obra maestra que no fue justamente reconocida (una vez más) por los Académicos de Hollywood. En 1995 todas las nominaciones fueron para “Braveheart“, “Apolo XIII” y “Babe: El cerdito valiente“. Habría que ver si, en el caso de astronautas y cerditos, las emociones que pudieron transmitirnos ambas películas en su metraje completo podrían siquiera aproximarse a lo que “Los puentes de Madison” consiguió con sólo una de sus escenas.

    Místico

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      Un Oscar justo


      million-dollar-babyCreo que me aficioné a la ceremonia de los Oscar casi al mismo tiempo que aprendí a multiplicar y dividir. No me equivoco si afirmo que no me he perdido ni una sola ceremonia en los últimos 18 años, que ya sea por televisión pública (qué tiempos aquellos), de pago o incluso por radio, la noche más glamourosa del cine es ya para mí, año tras año, una cita absolutamente obligada. Sin embargo, pese a toda esa fidelidad, creo que se cuentan con los dedos de una mano las ocasiones en las que  realmente salí satisfecho del reparto de los premios. Que títulos tan míticos como “Seven” o “El sexto sentido” no se llevaran ni un solo galardón, que “Brokeback Mountain” perdiera a última hora el Oscar a la mejor película en detrimento de la simplemente correcta “Crash” o que títulos como “Infiltrados” ganaran unos premios que no merecían sólo por compensar a su “siempre olvidado” director, son ya cosas que pesan demasiado a la hora de valorar positivamente estos premios.  Sin embargo, y pese a todo ello, hubo algunos años en los que se hizo verdadera justicia con los títulos que se presentaron a la ceremonia. El año 2005 fue uno de ellos, el año en que “Million Dollar Baby” se alzó como triunfadora absoluta de aquella noche.

      Dirigida e interpretada por un magistral Clint Eastwood, protagonizada por una oscarizada Hilary Swank (por este papel también premiada) y por un Morgan Freeman que demostraba de nuevo lo grande que podía ser cuando elegía bien los papeles, la historia que aquí nos contó Eastwood nos dejó a más de uno aplaudiendo tras los créditos.

      Su carga amotiva no se limitaba a su desarrollo final. Muchos criticaron aquel giro argumental que hacía de ésta dos peliculas en una, pero pocos parecieron comprender que el dramatismo de este título comenzaba a los pocos minutos de iniciarse el metraje. Aún recuerdo muchas de las frases imborrables que el personaje de Freeman pronunciaría en esta cinta, así como fui capaz de entender y casi sentir el sufrimiento y amor paternal que Eastwood prodigaba hacia una Swank que era ya algo más que su pupila.

      Un título emotivo, impactante y magistral que mereció todos los galardones en la noche más glamourosa, una de las pocas veces en las que el tío Oscar hizo justicia.

      Místico

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