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Bienvenidos a Plano Medio. Un blog de críticas del cine de siempre donde podras descubrir curiosidades de tus películas favoritas.

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Cuando el cómic se hizo película


pulp-fictionEs posible que ésta haya sido la cinta por excelencia de Quentin Tarantino, la más popular de todas cuantas realizara el director americano y la principal culpable de que su fama se prolongue por mucho pero que mucho tiempo. Y es que resulta de justicia reconocer que, dentro del peculiar estilo narrativo del autor de títulos como “Reservoir Dogs” o “Kill Bill” (su otra gran película por la que también será recordado), “Pulp Fiction” marcó todo un modo de hacer cine.

Su estética de cómic ya era de por sí todo un sello de identidad, así como aquel humor negro tan personal que envolvía una historia violenta, sarcástica e irónica como pocas. Sin embargo fue su original montaje lo que hizo que “Pulp Fiction” alcanzase las cotas de maestría que posteriormente directores como González Iñárritu utilizaron como referente.

Un serie de historias que comenzaban como independientes pero que terminaban mezclándose entre ellas y una ruptura constante de la linealidad temporal que supuso la vuelta definitiva de John Travolta, el espaldarazo definitivo para Uma Thurman y el reencuentro con otras caras tan populares como las de Bruce Willis (protagonista de la mejor y más divertida de las historias) o Samuel L. Jackson (junto con Travolta y Thurman nominado al Oscar por esta película).

Una cinta que nos dejó unas cuantas imágenes para la historia, especialmente la de aquel baile tan cinematográfico que aún se sigue repitiendo en multitud de ocasiones 15 años después del estreno de esta película.

Místico

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    Algo más que una cinta apocalíptica


    12-monosCatorce años después de su estreno, uno piensa en “Doce monos” como la película que supuso el reencuentro con un viejo género. Un título que demostraba que cuando las cosas se hacían bien incluso los “poco amantes de la ciencia ficción” podíamos admirar la labor llevada a cabo por su director, en este caso Terry Gilliam. Una historia compleja, donde los saltos en el tiempo, linealidades temporales y realidades alternativas dificultaban en gran medida el correcto seguimiento de la misma, pero que conformaban un entramado de tal complejidad que despertaba el interés por construir una historia que sólo en sus secuencias finales disponía de sentido completo.

    Su protagonista, Bruce Willis, quedaba eclipsado por un “joven” secundario llamado Brad Pitt (por primera vez nominado al Oscar por este papel), que utilizaba este título como confirmación de un talento que ya habíamos visto meses antes en una película para la historia: aquella de David Fincher que giraba en torno a los siete pecados capitales y que marcaría para siempre toda su carrera.

    Muchas cosas podría añadir a este título, pero me limitaré a subrayar que “Doce monos” fue una apuesta acertada, cuya interesante trama y sorprendente final salvaron en gran medida un planteamiento inicial de lo más explotado: el de una Tierra asolada en el futuro por un apocalíptico virus mortal.

    Místico

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      Los otros “inmortales”


      la-muerte-os-sienta-tan-bienDicen que del estado anímico del escritor depende enormemente lo que éste escribe, que en esto de la escritura (al igual que sucede en el arte) los estados de ánimo son fundamentales para o bien dibujar sonrisas o en su lugar mostrar la cara más triste y amarga de aquello que se narra. Hoy es un buen día. Hoy me siento especialmente bien y por eso no pienso hablar en “Plano Medio” de ningún drama. Hoy le toca el turno a una de las películas más divertidas que se hicieron en Hollywood allá por los años 90. Una película que contaba con tres protagonistas de auténtico lujo y con una secundaria que no se dejaba eclipsar por ninguno de ellos. Hoy toca hablar de “La muerte os sienta tan bien“.

      Ganadora en 1992 del Oscar de Hollywood por sus efectos especiales, esta divirtidísima y alocada historia gótica nos enseñaba a más de uno que en la meca del cine aún se podían hacer comedias brillantes. Protagonizada por unos geniales Bruce Willis, Meryl Streep y Goldie Hawn (y secundados por una espectacular Isabella Rosellini), es difícil establecer cual de los tres brilla más en esta cinta. Meryl Streep nos mostraba en este título que su talento no sólo era aplicable a grandes dramas (en los cuales se movía como pez en el agua) sino que poseía también una importante vis cómica poco explotada por ella misma. Este título también serviría para hacernos ver que había un Bruce Willis más allá de  “La Jungla de Cristal” y que Goldie Hawn… ¿qué se podría decir de esta actriz en un género como éste que no se haya dicho ya?

      Merecedora también de todos los reconocimientos por su excelente dirección artística, ésta es una de esas películas que yo, personalmente, no me canso de ver. Hoy es un buen día, lo mismo me la pongo de nuevo para pasar la tarde…

      Gracias a quien ha hecho posible un día como éste…

      Místico

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        El desenlace que hizo pasar un título a la historia


        el-sexto-sentidoPara un fanático del género fantástico como es el que escribe, crear un blog de títulos inolvidables y saltarse éste resulta imperdonable.  La obra más importante de Night Shyamalan, el título que nos hizo comprender que un giro argumental podía hacer pasar una película a la historia del cine, la obra que dio a conocer al mundo a un prodigioso Haley Joel Osment y que nos hizo creer que Bruce Willis era capaz de hacer algo más en una pantalla que saltar por encima de los coches.

        Está claro que “El sexto sentido” es hoy recordada (diez años después de su estreno) por su sorprendente final, pero es de justicia reconocerle otros muchos méritos que hicieron de éel-sexto-sentido1sta la mejor de todas las obras de un Shyamalan que fue perdiendo fuerza con el resto de sus títulos (”bosques” aparte). El primero de estos méritos se llamaba Haley, un niño de apenas 10 años que nos dejaba a todos con la boca abierta con una interpretación que le valdría una merecidísima nominación al Oscar. Pero Haley no estaba solo. El resto del reparto supo estar a la altura, desde un Bruce Willis que sorprendía a propios y extraños hasta una Toni Collete que bordaría un papel con una altísima carga dramática. De su guión, poco se puede añadir ya. Cuidado hasta el extremo en cada una de sus secuencias para llevarnos a una sorpresa final que nos dejaba el-sexto-sentido3a todos clavados en la butaca. Unas secuencias que fueron tratadas con bisturí para no perder en ningún momento el sentido una vez fuera descubierto el final, pero al mismo tiempo facilitaran al espectador más hábil los datos necesarios para adelantarse a tan conocido desenlace. El trabajo de Shyamalan, su planificación, la soberbia utilización del sonido… Muchos aciertos y una frase para la historia del cine: ¿Quién no recuerda a Osment tapado con aquella manta confesándole a Willis aquello de “En ocasiones veo muertos”? Esperemos que Shyamalan nos vuelva a mostrar algún día ese talento, porque “en ocasiones” supo también estar a la altura.

        Místico

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          El talento que se escondió en “El bosque”


          Resulta curioso cuánto puede diferir la valoración de una película según quién la visiona, los gustos que tenga o las expectativas que se depositen en la misma. Si ha existido un título en los últimos años con el que he conseguido despertar toda la polémica, sin duda ése es “El Bosque“.

          M. Night Shyamalan se dio a conocer al mundo cuando, allá por 1999, sorprendió a todo un planeta con una cinta protagonizada por un talentoso niño de diez años llamado Haley Joel Osment (ese mismo año nominado al Óscar por esta interpretación) y un desconocido Bruce Willis en un título que pasaría a la historia gracias principalmentalmente a su inesperado giro final: “El sexto sentido“. Hubo quien encumbró a este joven director de origen indio en aquel mismo instante sin tener en cuenta lo prematuro del encumbramiento, pues Shyamalan tan sólo nos había mostrado su valía en este título.

          La producciones que siguieron a tan famosa cinta nos dejaron a todos con un amargo sabor de boca. Se confiaba muchísimo en este director, pero sus muestras de talento quedaron reducidas a la mínima expresión en títulos como “El protegido“, “Señales“, “La joven del agua” o “El incidente“. Ahora, hubo una excepción…

          En 2004, tras la gran decepción que habían supuesto sus dos últimos trabajos, Shyamalan presentaba al mundo el que ya sería el sexto de sus títulos: “El bosque“. Como iba siendo habitual, contaba con un atractivo plantel de actores, entre los que destacaban nombres como Sigourney Weaver, William Hurt, Joaquín Phoenix o Adrien Brody. La cinta se presentaba como una película de época dentro del género fantástico y de terror y, estoy absolutamente seguro de ello, ahí estuvo el error. Aquellos que acudieron a ver “El bosque” lo hacían con la intención de pasar miedo y lo que encontraron en las salas no podía ser más diferente. La nueva propuesta de Shyamalan no iba enfocada para nada en ese sentido, aunque su campaña publicitaria así lo indicase. La propuesta era mucho más arriesgada, pero los espectadores quizá se sintieron tan “engañados” que no apreciaron que lo que se les estaba dando era infinitamente mejor que cualquier cinta plagada de saltos de butaca.

          El bosque” era una critica a la condición humana, a las relaciones que se establecían en una sociedad, a lo que se daba por hecho o se dejaba entrever, a los valores que la mantenían en pie, a los miedos de la misma… Algunos de sus diálogos mostraron el verdadero talento que creíamos definitivamente perdido en Shyamalan. Mención especial para dos de ellos: Joaquín Phoenix y una brillante Bryce Dallas Howard en el porche de su casa, cuando el joven le declara el amor que profesa hacia ella y un segundo del mismo Joaquín, esta vez con su madre en la ficción (Sigourney Weaver), intentando explicarle por qué razón cree en el amor que por ella siente William Hurt (aquel famoso “nunca te toca”). En ambos diálogos Shyamalan muestra una sensibilidad y un conocimiento del ser humano que estaría por encima de cualquier polémica. A todo esto sumemos un final, desde mi punto de vista, tan sorprendente como pudo ser el del más famoso de sus títulos y encontramos una bella obra que profundizaba en los más oscuros rincones de cualquier comunidad, al mismo tiempo que abría una nueva ventana de esperanza a los que aún seguíamos confiando en el director indio. Pero claro está, hubo muchos que se molestaron por no dar saltos en la butaca…

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