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Bienvenidos a Plano Medio. Un blog de críticas del cine de siempre donde podras descubrir curiosidades de tus películas favoritas.

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La más acertada de las “road movies”


thelma-y-louiseAunque hace ya bastante tiempo que vi esta película creo que es de aquellas que han sabido mantenerse en mi memoria a lo largo de los años. Y no es que permanezca en la misma por lo mucho que este título me hiciera reflexionar (que sin duda lo conseguía) ni tampoco por sus brillantes actuaciones o trabajo de realización (que en absoluto resulta mediocre, más bien roza lo brillante). Creo que el motivo de que se mantenga perenne en el recuerdo es porque en más de una ocasión he creído sentir el deseo de hacer lo que en esta cinta hacen sus protagonistas: dejarlo todo y salir corriendo a lomos de un descapotable en busca simplemente de una vida diferente. Cierto es que a nuestras heroínas la historia se les va un poco de las manos y lo que prometía ser una escapada de fin de semana se convierte en una huida desesperada al margen de la ley, pero la actitud inicial que se mostraba en esta cinta se me antoja simplemente genial.

Geena Davis y Susan Sarandon no sólo mostraban en “Thelma y Louise” una química perfecta, sino que justificaban con creces las dos nominaciones al Oscar que recibieron ambas actrices por su trabajo en esta película. Pocos saben que en un pricipio los estudios querían dos nombres más populares,  proponiendo los de Meryl Streep y Goldie Hawn (a la postre compañeras en “La muerte os sienta tan bien” de Robert Zemeckis) para encarnar a las protagonistas de esta historia. Y es que…¡cuán diferente hubiese sido esta película con la esposa de Kurt Russell como protagonista de la misma!

Brad Pitt encontraba en “Thelma y Louise” el primer papel importante de su carrera y Ridley Scott confirmaba una vez más lo buen director que podía ser independientemente del género en el que trabajase.

Quizá el único “pero” que le pondría a este título radicara en la imagen tan estereotipada que de ciertos hombres se daba en la misma, pero este hecho se compensaba con creces con un tratamiento cuidado (que no pecaba de excesos) y uno de los mejores finales (duro y desgarrador pero con tremenda fuerza y hasta poético) que ha dado hasta la fecha la historia del cine.

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    Polémica y sorprendente


    el-club-de-la-luchaExisten ocasiones en las que una película no llega a alcanzar el éxito durante su estreno en las salas pero con el paso de los años se va consolidando hasta terminar convirtiéndose en película de culto. Esto mismo es lo que sucedió con “El Club de la Lucha“, la cuarta película de David Fincher que suponía el reencuentro con Brad Pitt tras el éxito de “Seven” y en la que también figuraban nombres como los de Edward Norton y Helena Bonham Carter.  Un película ciertamente arriesgada con un montaje de lo más atrevido y cuyo guión (del que a estas alturas se ha dicho ya casi de todo) a mí se me antojó simplemente genial.

    Es posible que el giro argumental que experimentaba esta película se haya convertido con el paso de los años en su principal seña de identidad, pero resulta también de justicia reconocer que la construcción de cada uno de los personajes y el desarrollo narrativo de toda la historia en sí misma son motivos más que suficientes para creer en este título por encima de finales sorprendentes (que para mí en cierto modo resultó algo previsible).

    Basado en la novela homónima de Chuck Palahniuk, éste ha sido otro de esos títulos cuyo giro argumental ha sido imitado hasta la saciedad (”La ventana secreta“, “El maquinista“…) pero cuyo polémico trasfondo, su crítica implicita a los valores de la sociedad actual, su original montaje y el carisma de sus actores principales hicieron de él un producto único y ciertamente difícil de superar.

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      Algo más que una cinta apocalíptica


      12-monosCatorce años después de su estreno, uno piensa en “Doce monos” como la película que supuso el reencuentro con un viejo género. Un título que demostraba que cuando las cosas se hacían bien incluso los “poco amantes de la ciencia ficción” podíamos admirar la labor llevada a cabo por su director, en este caso Terry Gilliam. Una historia compleja, donde los saltos en el tiempo, linealidades temporales y realidades alternativas dificultaban en gran medida el correcto seguimiento de la misma, pero que conformaban un entramado de tal complejidad que despertaba el interés por construir una historia que sólo en sus secuencias finales disponía de sentido completo.

      Su protagonista, Bruce Willis, quedaba eclipsado por un “joven” secundario llamado Brad Pitt (por primera vez nominado al Oscar por este papel), que utilizaba este título como confirmación de un talento que ya habíamos visto meses antes en una película para la historia: aquella de David Fincher que giraba en torno a los siete pecados capitales y que marcaría para siempre toda su carrera.

      Muchas cosas podría añadir a este título, pero me limitaré a subrayar que “Doce monos” fue una apuesta acertada, cuya interesante trama y sorprendente final salvaron en gran medida un planteamiento inicial de lo más explotado: el de una Tierra asolada en el futuro por un apocalíptico virus mortal.

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        Una absoluta OBRA MAESTRA


        “¿Cuál es tu película favorita?” Una simple pregunta; una complicadísima respuesta. Más de una vez me he visto en el apuro de tener que elegir una cinta entre la multitud de títulos que, por un motivo u otro, en una etapa u otra, me dejaron huella. ¡Qué difícil resulta cuando los títulos son tantos y los géneros tan diferentes! Pocas veces he tenido la respuesta clara, pero de lo que estoy absolutamente seguro es de que si esta película no lo es, al menos se acerca mucho. Cuenta además con algo muy positivo a su favor: que el paso del tiempo no ha restado ni un ápice de su valor. Más bien le ha ayudado a crecer aún más. En muchas ocasiones vemos una película y con el fervor del visionado reciente creemos qué es de lo mejor que hemos visto nunca y sólo pasado el tiempo nos damos cuenta del error de apreciación. Esto no le sucede a “Seven“. El tiempo la ha engrandecido aún más si cabe. He perdido la cuenta de la cantidad de veces que he podido ver esta película y ni una sola vez bajó mi apreciación hacia ella.

        En su momento se prometía la típica producción americana donde una cara guapa y de moda se iba a lucir en todos y cada uno de sus planos, que resultaría entretenida, haría dinero en taquilla y poco más. David Fincher (su director) era poco conocido y su última película (”Alien 3“) tampoco pronosticaba nada excelente. Pocos sabíamos por aquel entonces que Fincher se jugaba con este título su continuidad en el mundo del cine, pues por aquel entonces se mascaba su vuelta al mundo de los video-clips dado sus pobres resultados en la pantalla grande (algo que nos habría privado de otros buenos títulos como “The game“, “El club de la lucha” o “Zodiac“). Nadie conocía a Andrew Kevin Walker, el guionista que trabajaba en una tienda de discos y que escribió este guión en sus ratos de descanso. Tan sólo la nueva estrella del firmamento americano, Brad Pitt y el veterano Morgan Freeman daban peso a la cinta, pues Gwyneth PaltrowKevin Spacey no eran por aquel entonces los nombres tan conocidos que en un futuro serían.

        El resultado final sorpendió a todos. Una película que tomaba cinco años después el testigo de “El silencio de los corderos” pero que añadía ingredientes nuevos al género. Sus claros guiños al cine negro, el cumplimiento de la premisa “Sugerir más que mostrar” llevada a la maestría, la soberbia planificación, la recreación de ambientes claustrofóbicos y cerrados gracias a los excelentes encuandres e inmejorable iluminación que posteriormente serían imitados (o más bien se intentarían imitar) hasta la saciedad, su espectacular montaje (que le valdría una nominación al Oscar ), el increíble guión y su inesperado giro final… Fueron tantos los factores que sirvieron para hacer de “Seven” la obra maestra que hoy en día es que sólo me puedo quitar el sombrero y soñar con que algún día algo así pueda ser repetido.

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