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Bienvenidos a Plano Medio. Un blog de críticas del cine de siempre donde podras descubrir curiosidades de tus películas favoritas.

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El escenario perfecto para el nacimiento de un mito


vacaciones-en-romaVacaciones en Roma” fue la película que vio nacer a todo un icono cinematográfico. Las calles de la bella ciudad italiana asistieron como testigo a la eclosión de una de las figuras más importantes que el cine podría darnos en todo el siglo XX. Y es que, por primera vez en su carrera, Audrey Hepburn se convertía en protagonista de una cinta y lo hacía, además, de la mano de una de las estrellas masculinas más importantes de aquel momento: Gregory Peck.

Vacaciones en Roma” era una historia de amor hecha a medida del nuevo talento, un guión que se alzaba por sí mismo como la antítesis al cuento de la Cenicienta, pero cuya magia y romanticismo le valieron no solo un Oscar, sino también un hueco en el corazón de muchos espectadores. “La joven princesa Anna, cuya vida superficial y llena de lujos ya no le llenaba en absoluto, optaba por escaparse una noche de su jaula de oro para sentir aquella vida mundana que tanto le atraía. En su aventura se enamoraba de un hombre “del pueblo”, el cual desconocía completamente la verdera identidad de la joven que acababa de recoger en la calle…”

Este título, además, supondría toda una innovación en lo que a rodaje de exteriores se refiere. Hasta aquella fecha (estamos hablando de 1953) no era excesivamente habitualvacaciones-en-roma1 rodar en exteriores reales, sino en decorados preparados por el estudio que simulaban las diferentes localizaciones necesarias para la historia. El director del film (William Wyler) entendía que Roma debía ser un personaje más de la cinta, por lo que renunció a rodar en escenarios ficticios a riesgo de complicar con ello el tiempo de rodaje de la propia película.

Han sido varias las veces que he visto este título y en todos los casos  me terminó emocionando su secuencia final. Aquel cruce de miradas entre los dos protagonistas, que deben simular no conocerse pero cuyos ojos dicen todo lo que no expresan sus palabras, es de ésas que te ponen un nudo en la garganta. Un derroche de química la que mostraron estos dos actores ante una cámara que inmortalizaría para siempre, como pocas películas lo hicieron, la bella ciudad de Roma.

Vacaciones en Roma” (con permiso de “Sonrisas y lágrimas“) es la película favorita de la persona “más paciente” que hay en este mundo: mi prima. Vaya dedicado este post con todo mi cariño a ella.

Místico

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    El absoluto e irracional miedo a lo desconocido


    el-exorcista3Son muchas las leyendas que circulan en torno a esta cinta. Quizá cuando se trata un tema tan delicado como éste y más aún cuando una película como ésta se estrena en la época que lo hizo ella, sólo es necesario añadir la imaginación de un público no acostumbrado a este tipo de historias para conseguir un resultado ciertamente sorprendente. Y es que en 1973, cuando se estrenó “El exorcista“, se dice que muchos tuvieron que abandonar incluso la sala de proyección, asustados ante las imágenes que nos proponía un valiente William Friedkin. Hoy día todo se ve distinto, claro está, pero el cine no se puede entender sin el contexto en el que nacieron cada una de sus películas y es de recibo reconocer que “El exorcista” fue valiente como pocas.

    Y es que aún hoy esta cinta sigue dándonos miedo… Acostumbrados ya a ver vísceras, sangre y asesinos en serie con máscaras de piel humana como el que contempla una paloma posada sobre un tejado, este título sigue dándonos miedo como pocos. ¿Los motivos? Quizá sean muchos, pero me quedo con el temor de nuestro subconsciente hacia esa parte desconocida de nuestra realidad, hacia la vulnerabilidad de nuestro cuerpo y de nuestra mente ante algunos agentes externos, ya sea una enfermedad física o mental o una entidad desconocida que invade nuestro cuerpo. Si a esto añadimos que la víctima de aquel “mal en estado puro” era una niña de rostro angelical (interpretada por una Linda Blair que jamás consiguió desprenderse de este personaje), entonces el resultado se antoja aún más sobrecogedor. Una vez escuché que en determinadas secuencias se insertaron fotogramas de calaveras para añadir un miedo subliminal a las ya de por sí terroríficas imágenes. Esto es algo que no he podido comprobar, por lo que me abstengo de opinar al respecto.

    La magistralidad con la que están tratadas cada una de sus secuencias, con ese ritmo de intensidad creciente, acompañado de unas buenas el-exorcista2interpretaciones y una brillante puesta en escena, hicieron de este metraje una referencia en el cine de terror. Su banda sonora (mundialmente conocida), así como su fotografía fueron otras de sus grandes bazas.

    Entre sus infinitas curiosidades, me llama personalmente la atención que el personaje de Chris McNeil (interpretado por una sufrida Ellen Burstyn) fuese ofrecido en una primera instancia a Audrey Hepburn, pero la exigencia de ésta de que el rodaje se llevase a cabo en Roma hizo que se descartase a la protagonista de “Desayuno con diamantes” para el papel, dado el alto coste de la exigencia. Un personaje que también fue ofrecido a Jane Fonda, la cual lo descartó por considerar la historia demasiado fuerte para ella.

    Una película que cosechó nada menos que diez nominaciones a los Oscar (aunque sólo se hiciese con el de mejor guión adaptado y mejor sonido) y que se alzó como ganadora de los Globos de Oro a la mejor película, al mejor director, al mejor guión y a la mejor actriz de reparto. Una absoluta referencia en el cine de los años 70.

    Buen fin de semama a todos. Marcho a comer a Rey de tallarines. Espero que ninguna de sus salsas me recuerden demasiado a aquella vomitona tan desagradable que la Blair soltaba de vez en cuando por la boca… espero.

    Místico

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      El más bello de los diamantes


      Los años sesenta han comenzado. Estamos en Nueva York, más concretamente en el escaparate de su joyería por excelencia: Tiffany’s. Asomada al mismo se encuentra una figura menuda, una figura que observa las joyas que se atesoran tras él mientras su mente divaga por mundos que sólo ella es capaz de imaginar. Si mirásemos en ese momento sus ojos nos sorprenderían por su brillo, aunque nos costara adivinar si es debido al reflejo de los diamantes que está observando o porque son la manifestación clara de la estrella que guarda dentro.

      Esa figura se llama Audrey Kathleen Ruston, aunque en algún momento de su vida tuviese que decir que se llamaba Edda Van Heemstra, para evitar que se destapasen sus orígenes británicos en una Holanda azotada por la Segunda Guerra Mundial, una guerra que marcaría para siempre la vida de esta solitaria figura.

      Si por un instante nos dejásemos hipnotizar por su sonrisa, nos costaría imaginar a esta muchacha teniendo que renunciar a su deseo de ser bailarina, porque en aquel momento su familia necesitaba el dinero por encima de la realización de cualquiera de los sueños. Tampoco pensaríamos jamás, observando esa inocente cara reflejada en el escaparate, que esos ojos fueron testigos de varios fusilamientos al poco tiempo de abrirse al mundo. Y es que, ¡cuántos secretos parece guardar esta muchacha! No sería difícil, en cambio,  observar su frágil constitución y comprender que aquel cuerpo supo lo que era pasar hambre y sufrir anemia, porque aunque han pasado unos cuantos años ya desde entonces, la silueta que hoy se adivina tras el cristal aún refleja los estragos de la más terrible de todas las guerras. Pero no nos engañemos porque, aunque parezca frágil, aunque por un instante pudiese parecer que esta figura se rompería tan sólo con soplar enérgicamente el viento, esta muchacha es fuerte, tan fuerte como los deseos que siente ahora de lucir uno de esos diamantes en alguno de sus elegantes dedos. Elegante, sí… Creo que no existe palabra que pueda definirla mejor: elegancia innata que venció al hambre, que venció a la guerra, que venció incluso al abandono de su progenitor, que también pudo con el paso del tiempo, que pudo incluso con la muerte… Elegancia, sin duda, elegancia. Ninguna otra palabra podría definirla mejor.

      Y sólo ahora, cuando ya conocemos un poco más esta escena, nos asalta la duda de quién estará observando a quién a través del cristal. Quizá sean esos pequeños brillantes los que lucen hoy más bellos que nunca porque están asombrados ante una visión, la de la más grande de todas las joyas que por un momento se detuvo al otro lado del más famoso escaparate de Nueva York.

      ¡Dedicado a tí, Audrey!

      Místico

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