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Bienvenidos a Plano Medio. Un blog de críticas del cine de siempre donde podras descubrir curiosidades de tus películas favoritas.

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La apuesta más poética de Alejandro Amenábar


mar-adentroDe espectacular se podría clasificar el giro que experimentó la carrera del director Alejandro Amenábar con este título del año 2004. Asociado al género fantástico y de suspense (no hay que olvidar que uno de sus grandes referentes fue siempre Alfred Hitchcock), Alejandro emprendía con este metraje una incursión en un género desconocido hasta la fecha por él: el género dramático. Para ello no sólo volvía a contar con Mateo Gil en labores de ayudante de guión, sino que fichaba a uno de los grandes de nuestro cine (Javier Bardem) y le confiaba al mismo la mayor parte del peso de la cinta.

El actor mostraba con este título gran parte de su consabido talento interpretando de un modo absolutamente convincente un personaje de extremísima dureza, una dificultad que mar-adentro1no sólo era fruto de la situación que el mismo vivía, sino especialmente porque se trataba de un personaje real al que se debían rendir los máximos respetos. Bardem aprobó el reto con nota, como casi la totalidad de un reparto que en la noche de los Goya coparon la totalidad de los premios interpretativos. Quizá falló su partenaire, una “simplemente correcta” Belén Rueda redescubierta para el cine y que encarnaba aquí a otro de los personajes más complejos del metraje (fruto de la unión de varios personajes reales).

Una cinta multipremiada, ganadora del Oscar de Hollywood, que batió records en los premios Goya (catorce). Soberbia como no podía ser de otro modo la realización, más teniendo en cuenta lo delicado y polémico del tema que aquí se trataba; poético a rabiar aquel viaje que el alma y la mente de Bardem iniciaban en una ventana y finalizaban en aquella romántica playa; bellísima la banda sonora de melodías gallegas compuesta por el propio Amenábar y más bellos si caben aquellos versos con los que finalizaba la cinta sabiamente extraídos de las  “Cartas desde el infierno” de Ramón Sampedro. Sin duda el mejor punto y final para un post como éste:

“Mar adentro,
mar adentro.

Y en la ingravidez del fondo
donde se cumplen los sueños
se juntan dos voluntades
para cumplir un deseo.

Un beso enciende la vida
con un relámpago y un trueno
y en una metamorfosis
mi cuerpo no es ya mi cuerpo,
es como penetrar al centro del universo.

El abrazo más pueril
y el más puro de los besos
hasta vernos reducidos
en un único deseo.

Tu mirada y mi mirada
como un eco repitiendo, sin palabras
‘más adentro’, ‘más adentro’
hasta el más allá del todo
por la sangre y por los huesos.

Pero me despierto siempre
y siempre quiero estar muerto,
para seguir con mi boca
enredada en tus cabellos.”

Ramon Sampedro

Místico

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    El nacimiento de un nuevo cine en España


    tesisCreo firmemente que esta película marcaría un “antes” y un “después” en nuestro cine más español. Es posible que otros títulos ya hubiesen abierto el camino para ello, un camino que llevaría a entender nuestro cine de un modo diferente al tratado hasta la fecha, pero fue Alejandro Amenábar y su ópera prima “Tesis” los que se alzaron como abanderados absolutos de tan necesario cambio. Quizá fuese por el género que trataba, tan poco habitual en los proyectos de la época; tal vez la diferencia radicase en su ritmo, tan inusual en lo que a producciones patrias se refería o quizá lo diferente lo encontrábamos en su planteamiento, donde los diálogos eran una mera excusa para hacer avanzar la historia… pero el caso es que “Tesis” lo cambió todo.

    La película, protagonizada por una “recuperada” Ana Torrent y un desconocido Eduardo Noriega, supuso un brillantísimo punto de partida para uno de los directores más talentosos que había dado nuestro cine pero, como buena ópera prima que era, también estaba salpicada de bastantes errores. Podríamos hablar por ejemplo de ciertos fallos en el guión, los cuales dejaban claro que el mismo estaba escrito por gente muy pero que muy joven: desarrollo con varios finales, diálogos tan “americanizados” que resultaban poco convincentes, soluciones rápidas e injustificadas a situaciones complejas… (¿alguien tesis2entiende de dónde salía el cuchillo con el que Ángela se liberaba de las cuerdas en aquel famoso garaje?). Errores que no sólo se plasmaron en el guión, sino también especialmente en la dirección de los propios actores. Por aquellos tiempos Amenábar era un director mucho más técnico que artístico y esto se notaría especialmente en el trabajo de Fele Martínez, cuyo interesante personaje era absolutamente destrozado por un intérprete que injustamente ganaría el Goya al mejor actor revelación aquel año.

    Toda estas erratas (en cierto modo lógicas) no desmerecieron en absoluto el mérito de la película, una cinta que se convertiría en la absoluta sorpresa de la edición de los Goya de aquel año. Y es que “Tesis“  no sólo conseguía dejarnos una incómoda inquietud tras su sufrido visionado, sino que analizaba como pocas películas lo hicieron nuestros instintos más morbosos, haciéndonos entender una vez más que, cuando se sugería y no se mostraba, los efectos conseguidos podían ser absolutamente sobrecogedores.

    Hasta aquí el repaso de hoy. Un Tony Roma’s ya está esperando…

    Místico

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      Un bello y triste cuento de fantasmas


      el-orfanatoEn el año de su estreno hubieron de establecerse muchas comparaciones entre esta historia y la que Alejandro Amenábar nos presentaba allá por el 2001 titulada “Los Otros“. Si tenemos en cuenta que estamos hablando de las dos películas más taquilleras de la historia de nuestro cine, los paralelismos y comparaciones eran más que inevitables. Unos paralelismos que en cierto modo siempre estuvieron ahí, pero que se tenían que haber limitado mucho más a su estética que a su propio argumento (pese a que ambos títulos se desarrollasen entre caserones y fantasmas).  Hace meses dejé clara mi admiración por la tercera película de Amenábar, clara constancia de lo importante que fue para mí descubrir este título cuando aún estaba naciendo mi fanatismo por el director de “Tesis“. Esa misma admiración podía haber hecho que mi evaluación hacia esta cinta estuviese manchada de escasa objetividad, pero creo que la propuesta que en su momento nos hizo Bayona difería tanto de la cinta de Nicole Kidman que sería contraproducente juzgarlas y evaluarlas con el mismo rasero.

      El Orfanato“, aquel bello y triste cuento gótico de fantasmas que supuso el espectacular pistoletazo de salida en la carrera de Juan Antonio Bayona y que confirmaba la valía que para el cine tenía Belén Rueda, poseía ese halo de misterio propio del género, revitalizado por una cuidada puesta en escena, donde fotografía y dirección artística aumentaban de forma notable la calidad de la película. Sus buenas interpretaciones le valieron también para subir la fuerte carga dramática de la cinta, una cinta dura pero que, como todos los cuentos, nos regalaba un final con cierto tono esperanzador.

      El Orfanato” poseía una doble lectura: aquella fría, dura y real, que nos hablaba únicamente del desequilibrio psicológico de una madre que acaba de perder a su hijo y esa otra mucho más bella y esperanzadora en la que fantasmas, sueños y personajes de Peter Pan nos regalaban un mensaje final que apuntaba a la esperanza. Que cada uno elija el suyo. Yo hace ya tiempo dejé de creer en sueños y fantasías por lo que, tristemente, me tengo que quedar con el primero…

      Místico

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        La película que nos despertaría para siempre


        abre-los-ojosEn ocasiones creemos que una película de ciencia ficción equivale a un espectacular despliegue de medios técnicos, donde naves espaciales, espadas láser y efectos digitales se alzan como absolutos protagonistas de la misma. Un joven Alejandro Amenábar, en 1997, nos demostró que cuando se tiene talento nada de esto es necesario.

        Abre los ojos” fue el título que Amenábar nos presentaba tras su multipremiada “Tesis“, un título que se convertiría “a posteriori” en toda una declaración de principios. La cinta, protagonizada por unos ya populares Eduardo Noriega y Fele Martínez y por una “recuperada” Penélope Cruz (dicen las malas lenguas que el personaje de Ángela en “Tesis” estaba pensado para ella, pero que la de Alcobendas lo rechazó por tratarse de un director desconocido), conseguía “abrirnos los ojos” en cuanto a cine español se refería. Y es que pocos creíamos que se podían hacer cosas distintas a las que Aranda, Almodóvar o Garci nos habían mostrado a lo largo de los años, es decir, un sinfín de títulos con dos únicos géneros en común: el drama o la comedia.

        Abre los ojos” simulaba ser una película caótica, un complejo rompecabezas qabre-los-ojos1ue no parecía mantener nexo entre sus piezas, más parecido a las reflexiones sin orden de una mente enferma que a un guión cuidado e hilvanado de modo lógico y coherente. Sin embargo, como ya haría en alguna otra ocasión, Amenábar guardaba una sorpresa final, una sorpresa que no sólo daría sentido a todas aquellas imágenes que se nos antojaban “sin sentido”, sino que conseguiría el “más difícil todavía”, cambiando en el último momento el género de la película.

        Los derechos de “Abre los ojos” no tardarían en ser comprados por los americanos (más concretamente por Tom Cruise), fruto de lo cual nacería algunos años después “Vanilla Sky“, remake protagonizado por el propio Cruise, Cameron Díaz y una Penélope Cruz que sería la única que repetiría de la versión original. De este proyecto nacerían otros dos: el romance entre nuestra Pe y el protagonista de “Top Gun” y algo infinitamente más importante, el que firmaría Tom con Amenábar llamado “Los Otros“.

        Y a Alejandro se le ocurrió esta historia mientras estaba en cama con fiebre… Muchas fiebres de éstas querría tener yo.

        Místico

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          La maestría de una obra perfecta


          Han pasado más de siete años desde que un joven Alejandro Amenábar, acompañado en todo momento de una sonriente Nicole Kidman, presentara este título en el festival de Venecia, un festival en el que la cinta no recogería ningún premio pero sí excelentes críticas. Poco tiempo después “Los Otros” llegaba a las salas españolas. Recuerdo incluso el día del estreno (principios de septiembre del año 2001) y lo recuerdo porque ésta de la que hablo hoy es, simplemente, MI PELÍCULA FAVORITA.

          Alejandro Amenábar ya había dado muestras de su enorme talento en “Abre los ojos” y, en cierto modo, también en “Tesis“. Lo que hizo aquí, sin embargo, estaría fuera de cualquier posible comparación, porque estamos hablando simplemente de algo irrepetible, de lo más próximo a lo que entenderíamos en el cine actual a “una obra perfecta”. Perfecta en su guión, completamente cerrado y sin ningún tipo de fisura; perfecta en su ambientación (¡lo que debe agradecer aún Alejandro la visita que hizo a tierras santanderinas donde encontró el caserón!); perfecta en su casting y en sus interpretaciones (y eso que “a priori” el que escribe no confiaba mucho en la Kidman para este papel); perfecta en su fotografía (Nunca Aguirresarobe estuvo tan acertado); perfecta en esa banda sonora que construyó el propio Amenábar y que, injustamente, no ganó el Goya ese año; perfecta, simplemente perfecta. Un ambiente, una textura, una caracterización que recordaba tíulos de antaño, cuando Hollywood nos enseñaba al mundo entero lo que era hacer buenas películas.

          Dicen que Amenábar, un años antes, había salido llorando de una sala de cine. Y salía de este modo porque acababa de ver la última obra de un desconocido en aquel momento M. Night Shyamalan protagonizada por Bruce Willis (¿Es necesario decir el título?). Y lo hacía porque creía que alguien se le había adelantado, que alguien le había quitado la idea que él mismo había comenzado a fraguar allá por el año 1998, cuando aún resonaban los ecos de su inolvidable “Abre los ojos“. Ocho años después ya sabemos que no tenía motivos para hacerlo, porque si bien es cierto que ambas cintas compartían ciertos nexos, también lo era que los puntos de vista en el que estaban tratadas eran totalmente distintos. Pero claro, quién se lo decía en ese momento…

          Místico

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